viernes, 29 de octubre de 2010

SIGUEN LAS REFLEXIONES SOBRE ÉTICA, MORAL Y DERECHO

Si de ética y derecho se trata, hay que despojar la noción de trabajo decente de todo tipo de discriminación, por los motivos conocidos y otros de nueva incorporación y meramente enunciativos por si alguno deja de considerarse, cuales son la discriminación por género, orientación sexual diferente o diversidad sexual, edad, raza, etnia y color de la piel, religión o creencia religiosa, procedencia social y nacional, que incorpora a los migrantes, y la odiosa xenofobia que se ha desatado en los últimos tiempos, así como a la exclusión social, concluyendo con la discapacidad o el estado de salud, tanto como capacidad física y mental así como en su noción de  enfermedades, ejemplo, el SIDA.

El análisis multidisciplinario implica la visión del ser humano, desde la infancia hasta las edades más avanzadas a través de las grandes organizaciones internacionales muy relacionadas con los derechos humanos cuales son la UNICEF, la OMS, la FAO, la OIT y la UNESCO. Trátese de los flagelos mayores que acosan a la humanidad, el hambre, la miseria, la exclusión social, el analfabetismo, la precariedad en la vida y en el trabajo, las enfermedades y agresiones a la salud.

La educación es el pedestal donde se erige el trabajo decente, si éste no cuenta con un antecedente de conocimientos y aptitudes desarrolladas a partir de las habilidades, destreza, calificación, bien poco se lograría para alcanzar metas lejanas en la humanidad como son la Educación para Todos, la Salud para Todos y un Trabajo Digno que proporcione el desarrollo humano para multiplicar las fuerzas.

La salud mental y la seguridad en el trabajo no forman parte del concepto de trabajo decente ni de la Declaración de OIT sobre principios y  derechos fundamentales, por tanto no es prioridad del mundo subdesarrollado y poco podría decirse del mundo desarrollado, alcanzar la  identificación, prevención y erradicación de todas aquellas manifestaciones en los trabajos que provoquen humillaciones, hostigamiento, discriminación, presiones, violencia etc., ya sea acoso moral o  simplemente violencia laboral en sus formas conocidas como física o psicológica. Para eso habrá más  tiempo y la lucha tendrá que ser larga.
Se reconoce el fenómeno, por algunos, pero la gran mayoría ignora la forma de resolverlo, porque no logra ver la relación entre varias cuestiones cuales son: calidad de vida, trabajo decente, salud mental, valores éticos y morales, derechos humanos.

Los datos que actualmente se consultan de cualquier continente y país, sobre todo de la América Latina, son aterradores, provocan la necesidad de dedicar reflexiones profundas al futuro que estamos construyendo para la sociedad, cuando diariamente estallan 10 Torres Gemelas en cantidad de niños que mueren por hambre extrema, desnutrición, falta de alimentación, estamos hablando de 30 mil niños cada día. La humanidad no podrá evolucionar en el futuro, si seguimos ocasionando un daño irreparable a la salud de las generaciones que nos sucedan, a veces en una magnitud mayor que los grandes depredadores del reino animal.

Estas reflexiones son más profundas cuando se trata del Estado que es quien debe proteger a los ciudadanos y al contrario es quien ocasiona estos hechos de violencia extrema contra las personas, sin abstenerse a su responsabilidad social dada por las propias leyes que ha promulgado o de las cuales se ha hecho signatario en la arena internacional.

Hay suficientes alimentos en el mundo para todos sus habitantes, sin embargo hay una pobreza extrema y miseria profunda en millones de latinoamericanos que no pueden acceder a esos recursos.  Nos sobrecogen las cifras de los miles de niños que deben trabajar en las minas, de los que son explotados sexualmente, los que son conminados a realizar trabajos degradantes, a cambiar los sueños infantiles de estudio y juegos por un trabajo a veces que no es de sustento familiar, sino de explotación, por haber sido secuestrados literalmente de sus territorios de orígenes para ser trasladados en forma de adopción (fraude de ley) a países del primer mundo, donde serán objeto de abusos por parte de pedófilos, aberrados sexuales y otros. Cuando ya estén totalmente expoliados y se les haya extraido el último aliento, ya no servirán e irán a parar a las calles para ser exterminados por paramilitares, y en el mejor de los casos, pasar a engrosar las filas de los esclavos por deudas y por hambre.

Consultando a diversos autores, entre ellos a Fabio Konder, entendemos que “la globalización de la miseria y la corrupción está provocada por la deuda externa desmanteladora de economías y sociedades subdesarrolladas”. Es preciso denunciar que el pago del servicio y de la propia deuda en América Latina constituye uno de los problemas fundamentales que hay que resolver para que pueda hablarse de desarrollo, trabajo decente, sostenibilidad y derecho social. La deuda destruye la calidad de vida porque impide materializar los derechos fundamentales a la salud, la alimentación y la vivienda, que cuando se garantizan, son una vía expedita para alcanzar los derechos a la educación y al trabajo.

Cuando se alcanza un estadio de bienestar en la población, a partir del papel del Estado en la solución de problemas tales como la alfabetización, la salud y la alimentación se puede decir que vamos entrando en la historia de la humanidad con el respeto a la dignidad humana.[1]. Al respecto el preámbulo de la Constitución cubana señala las palabras de José Martí, Héroe Nacional y Apóstol de la Independencia “yo quiero que la ley primera de nuestra República, sea el culto de los cubanos, a la dignidad plena del hombre”.

Pues al fin y al cabo llegamos a la conclusión que la exclusión social, la pobreza, la violencia y la discriminación provocan el desconocimiento y violación de ese principio  de respeto a la dignidad humana.  La ausencia de salud hace que la muerte prevalezca por sobre la vida y no hay genocidio mayor que los índices de mortalidad infantil de 30 por 1000 nacidos vivos o los miles que fallecen por enfermedades curables, por falta de médicos y medicinas. Parte de ese genocidio está en la destrucción de alimentos como medida de equilibrio del comercio y forma de matar por desnutrición en las edades tempranas. No por gusto un patrón de la OMS es el derecho de los niños y niñas a la salud.

Los llamados «derechos humanos» parece que tienen mucho que ver con la ética y con la moral. Entonces entramos en otra disyuntiva: ¿estamos solamente ante derechos o también son deberes humanos? ¿Por qué llamarlos derechos y no deberes?

Los derechos humanos constituyen tema de estudio tanto de la filosofía del derecho como de la teoría del derecho, así como de la ética y la moral, porque no solamente se pueden analizar desde una perspectiva estrictamente jurídica si antes no se han analizado desde los valores éticos y morales que les acompañan, pues comprometen la visión que las personas tienen de hasta dónde el ejercicio de los mismos responde solamente a normas éticas y morales.

“Partimos de la hipótesis general según la cual las normas jurídicas (los derechos, en sentido estricto) presuponen las normas éticas y morales, sólo que las normas jurídicas no se identifican totalmente con las normas morales o éticas. Si a las normas jurídicas les corresponde una función peculiar y no la de una mera redundancia de las normas morales o éticas, sin que tampoco pueda decirse que se mantienen al margen o más acá de la ética o de la moral, es porque las propias normas morales o éticas, en un momento dado de su desarrollo, necesitan ser formuladas como normas jurídicas”[2].

De esta forma podríamos ver una visión de ética desde el mundo empresarial en la actualidad, con el auge que van tomando los Códigos de Ética, en cierto sentido como sustitutos de la regulación legal, aunque ése no sea su contenido ni el origen de su existencia. Proceden de los llamados códigos de conducta profesional de algunos sectores y se han desarrollado en la llamada “visión compartida” de los valores y principios de la empresa, en una suerte de decálogo de conducta en lo interno y lo externo, tomando la empresa como una organización social en la que prevalece el elemento humano, tanto el que se desarrolla hacia el interior, como aquellos que consumen sus productos y servicios, los proveedores, la sociedad y otras partes interesadas.

Revisando diferentes sitios Web del mundo empresarial y de los negocios nos encontramos con la siguiente definición para el código de ética empresarial:
“Es un referente formal e institucional de la conducta personal y profesional que todos los trabajadores de una empresa, independientemente del cargo o función que ocupen, deben tener.  Es la forma de establecer un patrón en el manejo de relaciones internas y con los grupos de interés como clientes, proveedores y contratistas; socios de negocio; el Estado y el gobierno; los accionistas; sus empleados, jubilados y familiares; los entes de control, las comunidades y la sociedad en general”.
En general reconocen como valores éticos los siguientes: la responsabilidad, como obligación moral de esforzarse por alcanzar los objetivos de la empresa; la integridad, cuando nuestra actuación se corresponde con lo que pensamos, teoría y práctica deben ir unidas; el respeto, como el reconocimiento a los valores de los demás en las relaciones interpersonales. Los mismos dan paso a principios importantes que informan las actuaciones como son la veracidad, el cumplimiento de los compromisos, la seguridad y salud en el trabajo, la transparencia en el uso de los recursos, el aprendizaje en equipo, la profesionalidad, la cordialidad, el respeto al entorno, la sostenibilidad y la responsabilidad.  

“La ética de los negocios", como una de las variantes de la ética aplicada, aparece con fuerza en los Estados Unidos. En el mundo europeo se conoce como "ética de la empresa", porque de todos es conocido el enfoque que da el capital  norteamericano a la empresa que la concibe como un negocio de usar y cuando no le conviene lo tira, mientras que el capital europeo tiene un discurso más sensato de invitación  a entender la empresa como un grupo humano, que lleva adelante una tarea valiosa para la sociedad. Ambos tienen los mismos principios e iguales valores informan sus códigos de ética, la diferencia está en el discurso, en las manifestaciones y en la realidad de sus actos. No obstante, ética en palabras es diferente a ética en acciones.
Los códigos de ética están en el mundo empresarial bastante extendidos. Ya es difícil encontrar una transnacional, un gran consorcio en el mundo corporativo, que actúe sin un código de ética, ya que es el documento donde se incorpora su responsabilidad social ante los trabajadores y ante los clientes, proveedores, autoridades de control, el entorno, al comunidad, la sociedad y el estado.

Aunque no es posible extendernos en este tema más allá de una visión general para entender hacia dónde camina el mundo de los negocios, hay 8 teorías para fundamentar la cultura ética empresarial, entre las cuales se destacan la de la Responsabilidad social de las empresas, la del carácter moral del trabajo y la de relación entre ética y acción empresarial, las que tienen en común, modificar la visión de la empresa como un hecho meramente comercial, para introducirle el rostro humano con el respeto en todos los órdenes, como consigna, así como la motivación del colectivo y la comunicación transparente de toda su gestión. 

El Estado, bajo las condiciones actuales de la globalización económica, cumpliendo su papel restringido de controlador por el abandono de su concepción como empresario, no obstante debe también guiarse por la ética en su comportamiento y continuar su labor reguladora de las normas laborales, porque no ha perdido su obligación, dimanante de su pertenencia como miembro a la Organización Internacional del Trabajo, de velar por  el cumplimiento de la letra de los convenios internacionales que ratifica,

Por tanto le corresponde el deber de proteger el ejercicio de los derechos humanos fundamentales que entrañan valores éticos y morales, a través de su función reguladora, primero atrayendo y dando respaldo como parte del ordenamiento jurídico nacional a las declaraciones y convenciones internacionales y en normas jurídicas declarativas de suficiente jerarquía como es la propia Constitución, que garantiza un determinado hacer por parte de los organismos y demás instituciones oficiales que forman parte de la superestructura. Aparecerán entonces como complemento de la ley superior del Estado, los derechos positivos garantizados en otras regulaciones legales, siendo a modo de ejemplo, los relativos a los principios y derechos laborales contenidos en los códigos y estatutos de los trabajadores y no permitir que sean sustituidos por los Códigos de Ética que no tienen efecto legal vinculante.

Cuando alguien, sea un obrero, un estudiante, un economista, un historiador, un filósofo o un jurista, se refiere a los «derechos humanos», está reconociendo necesariamente, aunque con un diferente grado de precisión y de complejidad, que los derechos humanos están respaldados por el derecho (en las leyes nacionales, o en los convenios, pactos y declaraciones de los organismos internacionales que los proclaman) y que también se refieren al hombre como ser humano (con un fundamento histórico, político y social según el grado de desarrollo de la sociedad).

A los seres humanos donde quiera que se encuentren los ampara una Declaración Universal de los Derechos Humanos en su derecho a no ser discriminados. La persona natural posee derechos innatos que los gobernantes no crean pero tampoco pueden suprimir, cuales pudieran ser el derecho a la vida, la libertad y la dignidad. Ella posee un lugar importante en la evolución biológica por ser el hombre y la mujer entre los seres vivientes los únicos que tienen características bio-psicosociales.  Cuando relacionamos a la persona con la bioética comprobamos que la bioética se asienta en principios cuyos valores se entrelazan y complementan con los derechos sociales  que a continuación hemos clasificado de la manera siguiente para una mejor comprensión sin atenernos a la división por generaciones:

1.     De la persona, individualmente concebida: los derechos a la salud, la alimentación, a la prevención y seguridad social, a la dignidad, integridad física y mental, a la educación, la cultura, el descanso, la seguridad de la vida, a la igualdad.
2.     De los grupos de personas, podríamos mencionar, los derechos de asociación y negociación, el derecho de huelga, a estipular convenios colectivos de trabajo, de cogestión y autogestión.
3.     De las personas en la sociedad, vistos como derecho al medio ambiente equilibrado y sostenible, a los medios esenciales de subsistencia y de vida como son el agua, la energía, los alimentos.
4.     Los derechos de la familia, la niñez, la adolescencia y la vejez

Y los principios de la bioética son:

·         El respeto a la vida, como uno de los ejes primarios en torno al cual se ha desarrollado la conciencia ética de la humanidad. Se fundamenta en la idea de que la vida humana debe ser protegida y defendida con extremo cuidado.
·         El respeto a la dignidad humana incluyendo el rechazo a experimentaciones incompatibles con tal condición.
·         El respeto a la libertad que se vincula con otros valores como serían el valor de la "vida", la dignidad humana, la libertad de investigación e, incluso, conlleva el tradicional enfrentamiento entre las libertades individuales y los intereses colectivos.
·         La protección a la salud. Este principio se fundamenta en la idea de que toda persona tiene derecho a un determinado nivel de vida para ella y su familia, así como que se le garanticen la salud, el bienestar, la alimentación, la vivienda, el vestido, los servicios sociales...
·         La participación en el progreso científico.

El respeto a la dignidad humana se extiende de la persona individualmente concebida al grupo, cuando avanzamos en la teoría de los derechos innatos de los pueblos a la autodeterminación, a la existencia, a la democracia, la sustentabilidad, el desarrollo, la biodiversidad, que abarcan a toda la humanidad. Por eso el gasto en armamentos y el despilfarro de recursos es antihumano cuando dejan de cumplirse los servicios sociales básicos.

Los recursos considerados anualmente necesarios para el aseguramiento del acceso universal a los servicios esenciales en todos los países subdesarrollados se estimaron en 40 mil millones de USD para educación fundamental, agua, saneamiento, salud reproductiva para todas las mujeres, salud básica y nutrición. El consumo anual de narcóticos es 10 veces mayor en todo el mundo y los gastos militares alcanzan la cifra de 780 mil millones de USD[3]. El abismo entre ricos y pobres, según Noan Chomsky[4] se mide en términos del desarrollo humano, ya que mientras más de mil millones carecen de acceso a los bienes requeridos por las necesidades básicas del consumo, el 20% más rico de la población mundial efectúa más de los 4/5  de los gastos totales del consumo privado.


[1] La definición de Estado cubano según la Constitución de 24 de febrero de 1976 indica que “el estado cubano es un estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos en forma de república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.
[2] Ver diccionario filosófico de Pelayo Sierra, en http://www.filosofia.org/ .
[3] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe del desarrollo humano, 1998, edición en español. El cálculo del Índice de Desarrollo Humano se realiza a partir de tres variables, seleccionadas a partir de la definición de desarrollo humano. Las variables son: Esperanza de vida, logro educativo (donde están incluidos los componentes alfabetismo y tasa combinada de matrícula) y el ingreso. Para la construcción del Índice, se fijan, para cada una de las variables consideradas, valores mínimos y máximos tomados de los establecidos internacionalmente por el PNUD en el Informe de Desarrollo Humano 1994.
[4] Citado por Fabio Gonder en su trabajo “Los derechos laborales en el siglo XXI: vida o muerte de la civilización mundial, en Alegados No. 45, 2000, México.

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