martes, 17 de mayo de 2011

EL ACUERDO DE COOPERACIÓN LABORAL DE AMÉRICA DEL NORTE. ¿AVANCES O RETROCESOS? II PARTE Y FINAL

(EXTRACTO DEL FINAL QUE DESTACO POR SU IMPORTANCIA.

A diecisiete años del ACLAN

Los primeros años de vigencia del ACLAN resultaron muy interesantes y generaron expectativas de cambios favorables hacia el fortalecimiento de los escasos sindicatos mexicanos verdaderamente representativos y la cooperación entre los tres países, pero las ilusiones se fueron apagando con el tiempo hasta que para todos los efectos prácticos, el Acuerdo se volvió letra muerta.

No hay que perder de vista que el ACLAN no busca proteger a los trabajadores, sino a los empleadores que cumplen sus obligaciones frente a aquellos que no lo hacen. Por ello, el promotor natural de una queja ante una OAN sería precisamente el empresario que sufre la competencia desleal a la que no han puesto remedio las autoridades del país en donde su competidor se encuentra. Sin embargo, tuvieron que pasar casi cinco años para que este supuesto tuviera lugar, para que una asociación empresarial, la Florida Tomato Exchange interpusiera una queja por la indebida utilización del trabajo de menores, en contra de productores establecidos en México. Fue la decimoctava queja, de veinte presentadas en los primeros cinco años (1994-1999). Las otras diecinueve fueron promovidas por organismos sindicales y organizaciones no gubernamentales, para apoyar a los trabajadores afectados.

Lo cierto es que desde un principio se desvirtuó el objetivo del Acuerdo, denotando la mayor urgencia para proteger los derechos laborales que los comerciales. Los escasos sindicatos independientes mexicanos, es decir, aquellos que no forman parte de las estructuras corporativas que dominan ese ambiente tenebroso, caracterizado por la corrupción y la simulación en la representación y en la negociación colectiva, encontraron en el ACLAN un foro para denunciar las violaciones a los derechos de los trabajadores y la ineficacia y complicidad de las autoridades mexicanas.

EL ACLAN, sus instituciones y sus procedimientos se fueron desactivando paulatinamente y hoy casi nadie se acuerda de ellos. Debe quedar por ahí alguna burocracia que difícilmente devengará los sueldos de sus integrantes. Las actividades de cooperación en el seno de la Comisión para la Cooperación Laboral y algunas publicaciones que acompañaron la labor de las oficinas administrativas nacionales en los primeros años, parecen haber desaparecido del todo, junto con los esfuerzos iniciales por intercambiar información de los tres países sobre la legislación y las condiciones de trabajo.

Queda, quizás como único beneficio tangible del ACLAN, la solidaridad internacional que en forma no intencional despertó entre algunos sindicatos de los tres países, que se sigue manifestando en conflictos de gran importancia en México como el del Sindicato Minero y el del Sindicato Mexicano de Electricistas. La solidaridad no alcanza para resolverlos, pero mantiene viva la esperanza de lograr algún día un cambio favorable y la fortaleza que da a los trabajadores el sentirse acompañados en su lucha y no abandonados a su suerte.

Al menos en México, los beneficios que el TLCAN traería a los trabajadores fueron una gran mentira. Los salarios reales siguen bajando, las condiciones de trabajo empeoran consistentemente, el desempleo y la economía informal continúan creciendo y aunque hasta ahora se ha podido evitar una reforma laboral neoliberal, que pretende institucionalizar las prácticas más nefastas de intermediación y limitar todavía más la capacidad de actuación de las escasísimas organizaciones sindicales verdaderamente representativas, en la práctica los empleadores hacen lo que quieren y cuentan hoy, más que nunca, con el decidido apoyo de las autoridades laborales, a las que no hay ley que las detenga, con tal de servir a los empleadores, a sus patrones, pues.

En México, el libre intercambio ha alcanzado a las relaciones laborales y a pesar de que la Ley Federal del Trabajo sigue diciendo que el trabajo no es artículo de comercio, lo cierto es que se trata de una mercancía cada vez más devaluada.

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