viernes, 2 de septiembre de 2011

COPIO DEL PERIÓDICO GRANMA EN CUBA EL ARTÍCULO QUE PUEDEN CONSULTAR A CONTINUACIÓN

No valen paliativos ni contemplaciones

PEDRO DE LA HOZpedro.hg@granma.cip.cu
Contrario al rey Midas, hay quienes todo lo que tocan lo manchan y corroen mediante prácticas nocivas que intentan introducir y legitimar en detrimento de las aspiraciones de crecimiento material y espiritual de una ociedad que, como nunca antes, se ha propuesto alcanzar la mayor cantidad de justicia en el menor tiempo posible. Reparten lo que no es suyo, medran con la propiedad social, disponen indebidamente de productos y servicios bajo su responsabilidad, falsifican documentos oficiales, desvían recursos y sostienen un nivel de vida por encima de lo que aportan.

Lo peor radica tanto en la ramificación de círculos de complicidad —aunque los hay, es muy difícil que actúen en solitario, casi siempre se rodean de individuos de similares perfiles—, como en el clima de permisividad, indolencia e intocabilidad que suelen fomentar en su entorno. Todo esto tiene un nombre: corrupción. Y sus comisores merecen un solo calificativo: corruptos.

Se dirá que es una plaga mundial. En el sistema global prevaleciente, donde impera el individualismo, el egoísmo, la avaricia, el afán de lucro, el vale todo y el sálvese quien pueda, es una enfermedad endémica. A las páginas de los diarios y las pantallas de las televisoras solo llegan los megaescándalos de los ejecutivos de las corporaciones y los políticos más encumbrados. Las otras, las corruptelas consuetudinarias, forman parte de los mecanismos intrínsecos del funcionamiento social.

Pero en nuestro caso no puede haber el menor resquicio para tales prácticas. Aquí no cabe la teoría de distinguir entre peces gordos y pequeños. Vengan de donde vengan son irremisiblemente ajenas a la naturaleza de nuestra ética ciudadana. Ciertamente, aquí no alcanzan, como en otras latitudes, una dimensión epidémica. De ser así habríamos dejado sencillamente de existir. Pero un caso aquí, otro allá, un tercero acullá y otro y otro más, van minando el tejido social y pueden derivar hacia un pernicioso efecto contaminante hasta llegar al punto en que tantas conquistas, tantos esfuerzos, tantos sacrificios, tantas esperanzas se echen por la borda.

No ha sido por falta de advertencias. El 17 de noviembre de 2005, en la Universidad de La Habana, Fidel señaló cómo únicamente nosotros mismos podríamos autodestruir nuestra obra y alertó: "En esta batalla contra vicios no habrá tregua (... ) y nosotros apelaremos al honor de cada sector. De algo estamos seguros: de que en cada ser humano hay una alta dosis de vergüenza. (... ) Crítica y autocrítica, es muy correcto, eso no existía; pero si vamos a dar la batalla, hay que usar proyectiles de más calibre; hay que ir a la crítica y la autocrítica en el aula, en el núcleo, y después fuera del núcleo, después en el municipio, después en el país".
No valen, por tanto, paliativos ni contemplaciones.

Nuestra sociedad, en los momentos actuales, puede y debe encarar con éxito esa problemática. En reiteradas oportunidades el General de Ejército Raúl Castro ha sido preciso al abordar el tema. En una de ellas, durante el seminario nacional preparatorio del proceso de discusión de los Lineamientos Económicos y Sociales del VI Congreso del Partido, expresó sin cortapisas que "debíamos ser estrictos en el combate a la corrupción; hay que evitar la impunidad, que es el peor de los delitos".

Acciones preventivas y legales se han puesto en marcha y abarcan desde el fortalecimiento del control interno de las entidades y la profundización de las verificaciones fiscales hasta el trabajo que viene desarrollando desde su creación la Contraloría General de la República.
Pero resulta insustituible la acción cotidiana. La prédica es necesaria, sí, mas insuficiente. En cada colectivo laboral y en el seno de nuestras comunidades se impone ventilar y tomar medidas, de manera puntual, sin tremendismo pero con transparencia y determinación, ante la más mínima señal. La invulnerabilidad de nuestro sistema político y social depende también de nuestra responsabilidad ética.

La corrupción es hoy otro de los principales enemigos de la nación, es contrarrevolución.

1 comentario:

  1. "La corrupción es hoy otro de los principales enemigos de la nación, es contrarrevolución" Excelente síntesis.
    Es verdad, en todo proyecto, grande o pequeño, hay infiltrados que solo buscan sacar provecho personal del proyecto colectivo. Mientras más grande y abarcativo es el desafio, más gente se acerca, y por ello, mayor el riesgo de que entre alguno de estos infiltrados. La capacidad de autocrítica, y una atenta mirada sobre la utilización de los medios y los resultados obtenidos, es fundamental. CUBA HA DEMOSTRADO CON SU PERMANENCIA A LO LARGO DEL TIEMPO EN UNA LINEA REVOLUCIONARIA QUE TIENE CAPACIDAD DE DETECTAR Y APARTAR A LOS INFILTRADOS.

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