VARIOS ARTÍCULOS SOBRE INTEGRACION LATINOAMERICANA

CELAC: DOS PROYECTOS EN PUGNA.  Publicado el 21 Diciembre 2011 en Atilio Borón, Especiales, Opinión, Política
celacSin duda que la creación de la CELAC ha sido uno de los principales acontecimientos que tuvieron lugar en el plano regional en muchos años. La sola idea de una organización que reúna a los países latinoamericanos y caribeños sin la asfixiante presencia de Estados Unidos y Canadá es una muy buena noticia y permite abrigar esperanzas de que la tradicional prepotencia con que la Casa Blanca manejaba los asuntos del área tropezará de ahora en más con crecientes obstáculos.
Claro que la “presunción hegemónica” del imperio no se desvanecerá por la creación de esta organización, pero sus mandatos ya no tendrán el automático asentimiento del pasado cuando un úkase de Washington produjo en 1962 el destierro de Cuba del sistema interamericano.
De todos modos, convendría dejar de lado excesivos entusiasmos porque poner en marcha efectivamente la CELAC, es decir, convertirla en la protagonista que se haga merecedora de las grandes esperanzas en ella depositadas, no será tarea sencilla. Su creación es un logro importantísimo, pero por ahora es apenas un proyecto que, para ser eficaz, deberá ser capaz de convertirse en una organización; es decir, en un sujeto dotado de suficientes capacidades de intervención en el ámbito de Nuestra América. Pero, como veremos más adelante, no es ese el proyecto que proponen los gobiernos de la derecha latinoamericana con la bendición de la Casa Blanca.
La inusitada gravedad de la crisis capitalista en curso hizo que hasta los gobiernos más derechistas de la región consintieran en unirse a la CELAC. Es un gesto importantísimo y sería tan errado minimizar su trascendencia y el mal trago que esto significó para Washington como exagerar el impacto inmediato que habrá de tener la CELAC.  No es un misterio para nadie que la extrema heterogeneidad sociopolítica del continente (desde la Revolución Cubana hasta el régimen títere de Porfirio Lobo en Honduras -instalado por la Casa Blanca al derrocar a Mel Zelaya- pasando por Santos, Calderón, Martinelli, Chinchilla, Cristina, Dilma, el “Pepe” Mujica, Humala hasta llegar a Chávez, Evo y Correa) habrá de constituirse en un muy serio obstáculo a la hora de pasar del inconsecuente plano de los discursos a las acciones concretas en candentes asuntos regionales. Pongamos un par de ejemplos: uno, es bien sabido que Washington dispone de grandes partidas presupuestarias así como “asesores” y otros recursos para “ayudar” a actores locales que en diversos países hostigan o procuran desestabilizar (cuando no derrocar) a gobiernos que no son de su agrado. Bolivia, Ecuador y Venezuela, además de Cuba, son blancos favoritos de estas políticas. Si en muchos casos esta ingerencia imperial se procesa a través de organizaciones de pantalla, en otros el involucramiento en la política de los países latinoamericanos se realiza de forma abierta, directa e inmediata por las  agencias u organismos federales como la DEA, la CIA y la USAID, entre los más importantes. ¿Será posible que la CELAC condene esas prácticas intervencionistas del imperio y tome las decisiones requeridas para neutralizarlas, habida cuenta de su carácter violatorio de la legalidad internacional y su naturaleza profundamente antidemocrática? Parece muy poco probable, si bien bajo algunas circunstancias extremas podría tal vez haber excepciones. ¿Habrá unanimidad en respaldar una política de ese tipo o a otra -y este es el segundo y más crucial ejemplo- que exigiera poner fin al status colonial de Puerto Rico? No parece; tal vez haya sido por eso que varios gobiernos -entre ellos Chile, Colombia y México-  insistieron en que todas las decisiones de la CELAC debían adoptarse por unanimidad, temerosos de que los gobiernos más radicales de la región pudieran llegar a constituir una circunstancial mayoría que disguste a los ocupantes de la Casa Blanca y entorpezca las “amigables relaciones” que varios países latinoamericanos y caribeños mantienen con Washington. Por algo los gobiernos que quieren que la CELAC sea un organismo efectivo y no un periódico torneo de discursos están viendo la forma de instituir una normativa que exija una mayoría calificada (en qué proporción es algo que todavía no ha sido decidido)  para adoptar las decisiones de la institución.
En relación a este tema el Canciller chileno Alfredo Moreno expresó con absoluta claridad la postura del imperialismo cuando dijo que “la CELAC será un foro y no una organización, que no tendrá sede, secretariado, burocracia ni nada de eso”. Para Moreno, representativo de la derecha latinoamericana, de lo que se trata es de esterilizar un proyecto, de castrarlo a poco de nacer, para reducirlo a una intrascendente sucesión de “cumbres presidenciales” (2012 en Chile, 2013 en Cuba, 2014 probablemente en Costa Rica). Por eso quien finalmente presidirá la CELAC durante este próximo año no será otro que Sebastián Piñera. No hace falta aguzar demasiado la vista para percibir que un proyecto de este tipo, “descafeínado”, es el que respaldará la derecha latinoamericana, cuya carta de identidad es el servilismo y la genuflexión antes los dictados del imperio. Pero hay otro proyecto para la CELAC: en línea con el programa  bolivariano del Congreso Anfictiónico de 1826 y con los anhelos de Artigas, San Martín, Sucre, Martí, Morazán, Sandino y tantos otros patriotas latinoamericanos y caribeños. Un proyecto que hace medio siglo fue brillantemente sintetizado en la Segunda Declaración de La Habana, impulsada por Fidel, Raúl y el Che. En fin: la disputa entre los dos proyectos será  inevitable, y las circunstancias históricas (profundización de la crisis general del capitalismo, intervencionismo norteamericano en la región, maduración de la conciencia política de nuestros pueblos, etcétera) irán moviendo el fiel de la balanza, ojalá en que un sentido positivo. Hay que recordar que los baluartes de la influencia norteamericana en la región: Piñera, Santos y Calderón, se encuentran sentados sobre un polvorín que puede estallar en cualquier momento.
La actitud de Washington hasta ahora ha sido la de esperar a que se desenvuelvan los acontecimientos. El lanzamiento de la CELAC ha sido una muy mala noticia para el imperio, pero sabe que todavía cuenta con varias cartas en sus manos. Sabe, por ejemplo, que tiene varios “Caballos de Troya” dentro de la incipiente organización y que en cuanto lo considere oportuno se pondrán dócilmente a su servicio para implementar las órdenes emanadas desde la Casa Blanca. Sabe también que su incansable labor de desestabilización de los gobiernos más radicales puede debilitarlos, creándoles dificultades que afecten su protagonismo en el marco de la CELAC. Sabe, por último, que sus cantos de sirena hacia los gobiernos de la así llamada “centroizquierda” (Argentina, Brasil, Uruguay, ¿Perú?) puede tentar a algún gobernante a desertar del proyecto emancipador que se encuentra en las raíces históricas de la CELAC y que fueran actualizadas por Fidel, Raúl, Chávez, Evo y Correa, para no nombrar sino las principales figuras. Los gestos reconciliatorios de Obama con el gobierno de Cristina Fernández y la permanente labor de seducción que la Casa Blanca ejerce sobre Brasilia se encuadran inequívocamente como piezas de esta estrategia. Separar a la Argentina y el Brasil del proyecto radical de la CELAC, aislar a Chávez, Evo y Correa y, de paso, ajustar más el torniquete del bloqueo contra la Revolución Cubana. El imperio no dejará nada librado al azar. El premio es muy grande: 20 millones de kilómetros cuadrados, un mercado de 600 millones de habitantes, siete de los diez principales productores de minerales estratégicos del mundo, la mitad del agua dulce y de la biodiversidad del planeta tierra, además de petróleo, gas, energéticos de todo tipo y alimentos como para saciar el hambre de más de mil millones de personas. Y, como lo recordaba el Che, “América Latina es la retaguardia estratégica de Estados Unidos”, y bajo las actuales condiciones de crisis económica internacional y acelerada descomposición del precario “orden mundial” creado por Washington desde la posguerra esa retaguardia adquiere un valor supremo. Por eso debemos librar la batalla por la CELAC, para que el proyecto emancipador que le dio nacimiento sea quien finalmente prevalezca y abra aquellas grandes alamedas de las que hablara Salvador Allende en su último discurso, y por las cuales transitarían nuestros pueblos en su larga marcha hacia la justicia, la libertad, la autodeterminación nacional y la democracia.


URL del artículo : http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/12/21/celac-dos-proyectos-en-pugna/

Dos grandes oportunidades para el Mercosur

21 Diciembre 2011 Haga un comentario
mercosur-crea-comision-de-alto-nivel-para-agilizar-ingresos-de-venezuela-y-ecuadorDel blog Mapa Mundi
Este martes concluyó en la capital uruguaya, Montevideo, la más reciente cumbre del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) un mecanismo económico de integración, pero que no ha estado al margen de los cambios políticos en el área; quizás la mayor prueba de esa sintonía fueron los temas principales de la cita: la adhesión de Venezuela como miembro pleno, la solicitud ecuatoriana de ingreso, y en menor medida, un Tratado de Libre Comercio con Palestina, un gesto con matices políticos y que refleja indirectamente la independencia en política exterior adquirida por los países miembros.
La unión plena de Venezuela es un asunto pendiente desde 2006, cuando los jefes de Estado de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil firmaron el protocolo de adhesión y posteriormente fue ratificado por los tres de los parlamentos de esas naciones, con la excepción del Congreso paraguayo. Aquí podemos hacer un primer análisis, se trata de una maniobra opositora al gobierno del presidente Fernando Lugo, que expresa en sí misma una forma arcaica de concebir y hacer la política.
América Latina avanza en la concreción de expresiones de unidad sin tomar en cuenta los matices ideológicos ¿Qué mecanismo regional de integración moderno, dígase UNASUR o la CELAC, han discriminado los procesos revolucionarios en Bolivia, Venezuela o Ecuador? La intensión de los legisladores paraguayos de derecha es obstruir irracionalmente, sin argumentos de peso, y echar a un lado los enormes beneficios que Venezuela podría ofrecerle a la institución.
En esa nación sudamericana están las mayores reservas de petróleo del mundo, las cuales podrían estar al servicio de los miembros y con ventajas a la hora de invertir para las empresas petroleras de Brasil y Argentina. Venezuela sería un puente al mercado caribeño y sus características económicas de potencia media, podría ayudar a disminuir los desequilibrios al interior del MERCOSUR, con dos grandes (Argentina y Brasil) por un lado y par de economías de menor desarrollo (Uruguay y Paraguay).
La integración de Caracas es muy beneficiosa y la postura de la oposición paraguaya carece de visión estratégica, y a la larga, la tozudez puede costar cara. Además ¿por qué pesan razones políticas en un mecanismo económico?
¿Sucederá lo mismo con Ecuador? ¿Se obviarán las enormes ventajas de su ingreso por el carácter revolucionario de su gobierno? Si Venezuela abre las puertas al Caribe, Ecuador daría al MERCOSUR salida al Océano Pacífico y a las economías asiáticas como la China, un socio económico cada vez más importante para América Latina. El gigante asiático garantiza créditos y mercados para las materias primas del Cono Sur.
Pero además, quizás lo más importante, el ingreso de ambas naciones ofrece al mecanismo otra dinámica y una nueva dimensión. Saldría del cuarteto habitual, ganaría en miembros, alcance económico y en atractivo. El bloque estaría representado tanto en el G-20 como en la Organización de Países Exportadores de Petróleo, por solo citar dos ejemplos. El ingreso de Venezuela y Ecuador podría ser el primer paso para nuevas adhesiones y crearse desde el seno del MERCOSUR, una institución que consolide económicamente esa voluntad de unidad presente hoy en los países latinoamericanos.
Es lamentable que los rezagos, políticos y mentales, hagan más difícil recorrer el camino necesario, ojalá, como en otras ocasiones, el fracaso sea el futuro inmediato de esas concepciones.

Las tareas de la CELAC

5 Diciembre 2011 7 Comentarios
¡Una Comunidad de 33 países latinoamericanos y del Caribe! ¡Una alianza de 540 millones de personas sobre 20 millones de kilómetros cuadrados! ¡Una unión regional que posee los mayores recursos naturales del mundo! ¡Una hermandad de pueblos con una sola religión sincretizada mayoritaria y dos lenguas predominantes, sin insalvables diferencias culturales! ¡Una fraternidad sin la tutela de Estados Unidos! ¡Un millar de tareas en el camino de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños hacia la culminación de nuestra Independencia!
EN LO ECOLÓGICO Y TERRITORIAL
Concluir un censo integral de la biodiversidad y recursos de la región y fijar los límites para su explotación. Declarar reservas forestales y aguas bienes del dominio público no susceptible de privatización Ni explotación. Anular las concesiones extranjeras, expulsar industrias predatorias y contaminantes y promover el control nacional de las empresas que extraigan y transformen recursos naturales y desarrollen fuentes alternativas de energía renovable. Limitar o erradicar agrocombustibles. Excavar un segundo canal interoceánico bajo control regional, integrar en una sola arteria fluvial los grandes ríos suramericanos, aprovechar a plenitud el potencial hidroeléctrico, concluir la red ferrocarrilera que comunique todos nuestros países. Adoptar políticas comunes para contrarrestar el cambio climático y enfrentar los desastres causados por él.
EN LO SOCIAL
Aunar esfuerzos para acabar con la pobreza y disminuir la desigualdad. Reforma Agraria integral y control social sobre la tierra dirigidos a obtener la soberanía alimentaria y combatir la crisis mundial de alimentos. Desarrollar políticas poblacionales y abrir oportunidades que eviten a los pueblos la migración forzosa a las urbes y al exterior. Proteger formas de producción tradicionales. Promover la desconcentración urbana mediante centros de desarrollo alternativos y técnicas de gerencia a distancia. Humanización de las ciudades. Reconocimiento e institucionalización de los Movimientos Sociales.
EN LO ECONÓMICO
Reformulación de los parámetros del Desarrollo en función de la sustentabilidad y renovabilidad. Apertura e intensificación de las relaciones e intercambios comerciales hacia Asia, África y el Pacífico. Revisión y cesación colectiva de pagos de la Deuda Externa. Fortalecimiento y extensión de alianzas comerciales internas, con exclusión de los países que tengan Tratados de Libre Comercio con potencias foráneas, y denuncia de estos acuerdos. Nulidad de los Infames Tratados contra la Doble Tributación, que inmunizan a las transnacionales contra los impuestos. Sometimiento de las maquilas a las leyes y derechos laborales locales. Iniciativas para el progresivo control social de industrias básicas y estratégicas. Lanzamiento del SUCRE y del Banco del Sur.
EN LO POLÍTICO
Recuperación plena de la soberanía territorial, legislativa, judicial y administrativa disminuida por tratados y acuerdos internacionales. Democracia social y económica participativa. Armonización entre movimientos sociales, partidos y Estados. Prohibición de subsidios foráneos a organizaciones políticas y de entes financiados por ellas. Informatización del Estado para garantizar que la información esté disponible para administradores y ciudadanos y que la mayoría de los trámites puedan ser cumplidos a distancia. Reconocimiento del derecho del Estado a intervenir en cuestiones económicas y sociales, proteger las industrias y regular y controlar al capital financiero.
EN LO ESTRATÉGICO
Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz. Presión colectiva para el retiro de las bases militares de Estados Unidos. Exigencia del cese de los sobrevuelos por naves militares foráneas. Exclusión de flotas militares extrañas a la región en nuestros mares territoriales. Refuerzo de la seguridad informática y creación de redes regionales independientes fundadas en el software libre. Denuncia del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y sustitución por pactos mutuos de no agresión, solución pacífica de los conflictos, y respuesta colectiva a las agresiones de potencias externas. Acceso para todas las clases a la carrera militar. Milicias populares. Formulación de doctrinas y planes de guerra popular de resistencia, guerra asimétrica y conflicto de baja intensidad. Creación de industrias propias de implementos defensivos. Desmantelamiento del narcotráfico clausurando las vías de transferencia a Estados Unidos y Europa, los principales financistas y consumidores del planeta.
EN LO CULTURAL
Revisión y divulgación de nuestra Historia mancomunada. Libertad y fomento de la circulación de bienes culturales entre nuestras repúblicas. Rescate, preservación y enaltecimiento de nuestro patrimonio cultural. Desarrollo de políticas para eliminación definitiva del analfabetismo, gratuidad de la enseñanza en todos sus niveles, sistemas masivos de educación a distancia y normas integrales de validación y reválida de estudios. Rescisión de todos los acuerdos y tratados mediante los cuales Estados Unidos y Europa ejercen influencia o control sobre los contenidos y métodos de nuestros sistemas educativos y de investigación. Orientación de la investigación académica y científica hacia nuestros problemas regionales. Protección para la música, la cinematografía, la televisión producidas en la región. Red de agencias informativas regionales. Rigurosas normas de responsabilidad social para los medios de comunicación. Multiplicación de emisoras libres, alternativas y de servicio público con alcance continental. Creación de redes de Institutos de Estudios Latinoamericanos y del Caribe.
EN LO INTERNACIONAL
Un mecanismo de unión no opera por sí mismo los milagros que requiere un mundo. No repitamos las experiencias de la Liga Árabe o de la Unión Africana, que más de una vez abandonaron a sus miembros ante la agresión imperial. Latinoamericanos y caribeños son sometidos en otros países a discriminatorios y draconianos regímenes de visado e inmigración: deberíamos aplicar siempre y en todo caso a los nacionales de ellos la estricta reciprocidad. Concurren en la CELAC países con orientaciones distintas, algunos abiertos hacia el futuro, otros todavía uncidos a pactos, compromisos y dependencias con los poderes hegemónicos que hoy entran en decadencia. Algunos de sus miembros tienen Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos o con la Unión Europea. A través de tales acuerdos podrían entrar en nuestras economías como caballos de Troya. Otros tienen gobiernos surgidos directa o indirectamente de la fuerza contrarrevolucionaria. Delicada será la tarea de concertar entre tan distintas perspectivas. Seguramente la CELAC subsumirá la incipiente organización de UNASUR, añadiéndole a México y Centroamérica. Entre otros cometidos, queda planteado el de la progresiva desvinculación hacia la OEA, que durante toda su existencia sirvió para legitimar las injerencias de Estados Unidos y agredir, aislar o deslegitimar las experiencias progresistas. La potencial unidad de la CELAC le asignaría un peso determinante en la Organización de Naciones Unidas. Esta nutrida coalición de países podría aspirar a ejercer posiciones decisivas en el Consejo de Seguridad, en el Consejo de los Derechos Humanos, en la Organización Mundial del Comercio y en otras secciones claves del organismo mundial. El nuevo ente tendrá sin duda una actitud menos obsecuente hacia la Alianza Atlántica, que se hunde en el desastre de la crisis económica, y más abierta hacia China, Rusia, India, Japón y en general el Asia, África y las potencias emergentes. Bien podría asumir el liderazgo de un revitalizado Movimientos de los Países no Alineados. América Nuestra es el camino hacia Nuestro Porvenir. América Latina y el Caribe ya no es patio trasero de nadie. (Tomado del blog del autor)

Jose Steinsleger: Se acabaron los iberoamericanismos y panamericanismos “made in USA”

14 Diciembre 2011 6 Comentarios
 
Por: Movimiento de Solidaridad Nuestra América / Rebelión
Movimiento de Solidaridad Nuestra América (MSNA): ¿Qué diferencias observa usted entre las fuerzas de izquierda que en Nuestra América reciben distintos calificativos: “vieja izquierda”, “izquierda revolucionaria”, “nueva izquierda”, etcétera?
José Steinsleger: en noviembre de 1989, arrancaron los “120 días de Sodoma”: caída del muro de Berlín, invasión militar yanqui de Panamá, Nobel de la Paz al Dalai Lama, inicio de la disolución de la Unión Soviética y derrota electoral de los sandinistas. Hechos que coincidieron con el clímax del neoliberalismo en México, Argentina y Chile.
Las izquierdas cayeron en el catatonismo ideológico, y sintieron que algo muy denso y enredado implosionaba en sus filas. En la primera cumbre de presidentes y jefes de Estado “iberoamericanos” (Guadalajara, 1991), el rey Juan Carlos I anunció, metafóricamente, la reconquista española. Fidel Castro, manifestó entonces: “Pudimos serlo todo. Somos nada”.
Al año siguiente, un grupo de militares patrióticos se alzó en Venezuela, y el primero de enero de 1994, cuando México ingresó al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, los indígenas chiapanecos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ocuparon la legendaria ciudad de San Cristóbal de las Casas. Y, en paralelo, el fracaso del llamado “Consenso de Washington” mostraba las primeras fisuras, dando paso al dilatado período de estallidos sociales contra el capitalismo salvaje.
Las pobladas consiguieron derrocar a once presidentes elegidos: Brasil (1992), Venezuela (1993), tres en Ecuador (1997/ 2000/ 2005), Paraguay (1999), cuatro en Argentina (2001), y uno más en Bolivia (2003). Poco a poco, las izquierdas salieron del estado de shock y se volcaron a desentrañar “lo viejo” y “lo nuevo” de los insólitos acontecimientos. Todo se revisó.
MSNA: ¿”Todo” sería…?
JS : básicamente, el conjunto de las falsas dicotomías que se debatían en mesas de arena, con el suelo mojado: reformismo contra revolución, burguesía contra proletariado, lucha armada contra democracia. ¿Hasta dónde eran conceptos excluyentes?
En las narices de W. Bush, tres gobernantes reformistas sepultaron el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio para “las Américas” en la IV Cumbre de las Américas (Mar del Plata, Argentina, noviembre 2005): Hugo Chávez era militar, Lula sindicalista y Néstor Kirchner, peronista. Momento de inflexión que sería mezquino relegar a otro episodio más de “los de arriba”. Jugar con la cadena del tigre es fácil; azuzarlo con la vara corta peligroso. Se requieren domadores políticamente inteligentes y audaces.
MSNA: ¿Domadores de la izquierda institucional, alternativa, insurgente?
JS : Domadores de la izquierda política. Salvador Allende respetó las instituciones, estimuló los movimientos sociales, decretó reformas radicales en el régimen de la propiedad, y murió defendiendo la Constitución. ¿Su reformismo fue menos que la epopeya del Che? Pregunta tan ociosa como la manida frase de Mariátegui: el socialismo no debe ser calco y copia, sino creación heroica. Así es. Pero el gran peruano decía también que la historia es reformista a condición de que los revolucionarios operen como tales.
Ahí empiezan los tropiezos de las parejas en danza. Torpezas que remiten lo reformista a la claudicación, y lo revolucionario al “espíritu de acero”. Las reformas de gobernantes como Jacobo Arbenz, Juan Domingo Perón, Juan Bosch, Joao Goulart, Juan José Torres, Jaime Roldós, Omar Torrijos fueron el pretexto para que las derechas no sólo los derrocaran. Goulart y Torres, murieron asesinados por el “Plan Cóndor”, Roldós y Torrijos perecieron en misteriosos accidentes de aviación, y el democristiano Eduardo Frei Montalvo fue envenenado por el pinochetismo.
MSNA: ¿Reformismo o revolución?
JS : si la política vale por sus contenidos (y no por sus formas o declaraciones de fe), la izquierda sólo puede ser nacional y reformista. Y Espero que los libres de todo pecado no tomen esto como incitación al “nacionalismo” o el “reformismo”. La revolución cubana empezó siendo reformista, y la agresión del imperio la obligó después a decretar medidas radicales.
A mediados del decenio de 1980, no pocas vertientes de la izquierda arrojaron la toalla y aceptaron el bulo “posmoderno” de las derechas: vaciar a la política de sentido por aquello de que con la “globalización” y las “geometrías ideológicas”, había perdido su razón de ser.
En la actualidad, es raro encontrar derechistas que se asuman como tales. Se dicen “independientes”, “de centroizquierda” o “de centro”. En parte, las envalentona la nula peligrosidad de las izquierdas declarativas. Pero también es verdad que asumirse como revolucionario no nos convierte automáticamente en socialistas. Tanto las izquierdas “modernas” como las “no institucionales”, son cara y cruz de la misma moneda: el oportunismo.
MSNA: Con el rechazo al ALCA surgió entonces “lo nuevo” de las izquierdas latinoamericanas.
JS : Marx decía que la historia no es más que la actividad humana persiguiendo sus propios fines. La lucha de nuestros pueblos nació de un doble parto: las rebeliones de indígenas y de negros y el alzamiento de los comuneros que, tras ser aplastados en Castilla (1521), emigraron a América y fundaron instituciones como el municipio. Ambas pusieron el cuerpo al feudalismo español. Y el ALCA, cuya primera reunión tuvo lugar en Miami capital latinoamericana del terrorismo y el crimen organizado (1994), no fue más que la puesta al día del Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe , y el “panamericanismo” inventados por Washington desde su constitución como nación.
Con el “no al ALCA” nuestros pueblos retomaron la brújula perdida en 1830, cuando tras la disolución de la Gran Colombia, sobrevino el desquiciante período de luchas en las que, parafraseando al “Martín Fierro”, los hermanos estuvimos desunidos y nos comieron los de afuera. De espaldas a sus sociedades, las oligarquías criollas fundaron Estados, copiándolos de la cartografía dibujada por las potencias imperialistas.
Curiosamente, “lo nuevo” de las izquierdas cuenta con medio milenio de existencia, y “lo viejo” apenas ha durado poco más de 70 años. Los tartufos que decretaron el “fin de la historia” y la “muerte de las ideologías”, tuvieron su respuesta el 28 de febrero de 1989, día del “caracazo” y umbral de la revolución bolivariana.
MSNA: ¿Qué factores permiten calificar de izquierda a los movimientos populares?
JS: Los axiomas políticos que no delimitan sus alcances se rodean de horizontes artificiales que desaparecen frente a los primeros empellones de la realidad. Conviene no adelantarse a la síntesis. ¿Cuál es la máxima dosis de izquierda que puede tolerar una sociedad? ¿Cómo saber, de antemano, que el futuro será socialista?
No hace mucho, Fidel recordó una reflexión del bolchevique Nicolás Bujarin: en el fondo nadie sabe lo que es el socialismo. Con esto advirtió de que es imposible definir el socialismo de antemano. Pero induzcamos al consenso: con el Che volamos, con Allende soñamos, y con Fidel aterrizamos
MSNA: ¿Qué caracteriza al individuo de izquierda hoy?
JS: ¿Se refiere al intelectual o al militante? Hoy, sólo puedo responder por el primero. Para mí, el ser es antes que el pensar, la economía antes que la filosofía y la lucha de clases el motor del desarrollo histórico. Mire: durante años junté ensayos y artículos relacionados con la pregunta formulada. No bien encontraba la respuesta, la pregunta cambiaba. Antes los leía. Hoy los arrojo a la basura. La omnipresencia del verbo “deber” destaca por sobre cualquier otra premisa: “la izquierda debe…”. Me pregunto si ya nació el izquierdista que haya logrado contener el uso abusivo de dicho verbo en sus textos y arengas.
Cuando oigo que estamos frente al inicio de un “nuevo ciclo del socialismo”, me concedo el beneficio de la duda. ¿De cuál? El de los clásicos está escrito. ¿Se prefabrican otros? El ser de izquierda no comulga con utopías. Afrontemos la realidad: no se pudo revertir el capitalismo y el mundo se ha convertido en una olla gigantesca en la que hierven todas las formas de violencia. Apagar la hornalla sería un modo de retomar los ideales de izquierda, sin caer en las trampas de la paz a cualquier precio.
Hay que tomar la realidad en serio, a condición de no tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos, pues de aquí a considerarnos imprescindibles o incomprendidos media un suspiro. A Lula le preguntaron: “¿es usted de izquierda?”. Respuesta: “no, soy tornero mecánico”. Cosa que me dio paz, pues el único título que poseo dice que soy técnico mecánico especializado en el diseño de matrices para motores de combustión interna. Ahora: no me pida que cambie un fusible porque ya me olvidé, y además tengo terror a la electricidad.
En 1980, los comunistas chinos dijeron que el error está en la izquierda. Pero no concluyeron que la derecha era el camino. Y a finales de 2006, Lula dijo que a cierta edad ya no se es de izquierda. Los intelectuales se treparon a la lámpara y armaron un quilombo de madres. ¿Lula dejaba, entonces, de ser izquierdista? Subrayemos lo que importa: el ser de izquierda no anda predicando a los cuatro vientos su identidad, ni se ahoga en un vaso de agua…o de palabras. A conciencia de sus limitaciones y condicionamientos, pelea por convicciones algo más que personales, mantiene a raya la incontinencia verbal, las imposturas que explican todo, a la hora de jugarse lo hace sin cálculo y con generosidad, y no evade el compromiso buscando la quinta pata al gato de la dialéctica.
Nos consuela imaginar que las izquierdas son solidarias y las derechas egoístas. Correcto: en las derechas, la solidaridad responde a intereses de clase. Sin embargo, las izquierdas no son por definición ajenas al sectarismo, el dogmatismo, el individualismo y el espíritu autoreferencial.
MSNA: ¿En qué momento se equivocan las izquierdas?
JS : cuando las ideas no cuadran con la realidad, aparecen los equívocos: procesos emancipadores que se miran por el ojo de la cerradura; creer que la unidad es amontonamiento; aspirar a que la realidad encaje a huevo con la teoría; conectar la reflexión a cables de alto voltaje ideológico; deshistorizar las luchas populares; disputar con hambre caníbal el canon de la revolución; olvidar que la agenda emancipadora de los intelectuales responde a plazos largos, y la de los pueblos tiene plazos cortos.
Y junto con los equívocos, los prejuicios: pensar que para ser revolucionario “se debe” ser marxista; el determinismo histórico; repetir cosas leídas al pie de la letra en textos pensados para épocas y realidades distintas de la propia; creer que la “unidad de la izquierda” antecede a la unidad de las fuerzas democráticas y antiimperialistas, etcétera.
Las izquierdas fallan cuando sus teorías son seducidas por el “teoricismo” y cierto pragmatismo que las conducen al oportunismo. ¿Hasta cuándo se confundirá ideología con política, pureza con firmeza, lo anhelado con lo real? Las izquierdas falsean sus horizontes libertarios cuando subestiman las volátiles formas del nacionalismo popular o se descalifican las potencialidades de un Estado porque “apenas es progresista”, cuando se omite el legado de los que nos precedieron en estos afanes, y cuando se da por desaparecido el imperialismo yanqui por vaya a saber usted qué “diversificación del centro”.
MSNA: ¿Cuáles son las dificultades que enfrentan las izquierdas para desarrollar sus estrategias emancipatorias?
JS : Las izquierdas han probado ser buenas en asuntos de solidaridad (ideología), denuncia (ética), diagnóstico (crítica), y notoriamente débiles en estrategia (política), reflexión (filosofía) y pragmatismo (economía). Limitaciones que conducen a las analogías forzadas, el reduccionismo, la descalificación de lo que se ignora, la ligereza en los juicios, y las arbitrariedades o la irracionalidad sin más, como ocurrió en la guerra civil española. Una guerra que venía de siglos de rencores y odios de clase soterrados, y mucho más trascendental para nuestra América que otros desgarramientos históricos.
Resulta increíble el desdén de las izquierdas por la guerra civil española. Pero bueno, también les vale la independencia de Haití (gran lección de marxismo antes de que Marx naciera), la gesta bolivariana y sanmartiniana, el genocidio y la destrucción del Paraguay (primera guerra imperialista de los tiempos modernos), la de Cuba por su independencia, las guerras sociales de Colombia y, nuevamente, el compromiso revolucionario de Cuba en Africa. No digo que desconozcan estos hechos. Digo que la polémica entre Lenin y Rosa de Luxemburgo, o la visita del intelectual marxista de moda en Europa o Estados Unidos, las mueve más que la historia de nuestros pueblos.
Las “viejas” izquierdas nunca han podido articular lo nacional con las teorías “universales” de importación. Las nefastas experiencias de los nacionalismos europeos (que nada tuvieron que ver con los nuestros), las lleva a despreciar lo nacional en desmedro de lo universal que circula frente a sus ojos. El ideologismo y el clasismo a ultranza las neutraliza y anula, impidiéndoles elaborar una estrategia propia. En lugar de ideas, mastican jeroglíficos. Como mucho, acompañan los procesos emancipadores. Pero subestiman sus potencialidades con sufrida displicencia intelectual.
Y todo eso, a despecho de la Segunda Declaración de La Habana que, asimismo, aplauden pero digieren mal: “Ya Martí, en 1895, señaló el peligro que se cernía sobre América y llamó al imperialismo por su nombre: imperialismo…. ¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina?” (1962)
Sólo la autoridad moral de Fidel consiguió que algunos profesores del proletariado dejaran de mirar feo a Chávez. No obstante, persisten en fiscalizarlo “pour la gallerie”. No vaya a ser que el comandante olvide algún requisito del “buen revolucionario”. A Evo Morales y Rafael Correa, los degradan a “estatistas” o “neodesarrollistas”. Basta con revisar las páginas web de algunos medios “alternativos” de Argentina que califican la política económica de los Kirchner como “epifenómeno” de la impuesta por la dictadura cívicomilitar de Videla. Ni hablar de las que, a última hora, descubrieron el “sujeto” perdido de la revolución: el indigenismo redentor y portador de los secretos de la rebeldía mundial.
A inicios de 1990, los ideólogos neoliberales anunciaron la desaparición de la forma Estado-nación. Y los “globalizadores” de izquierda y derecha (un Toni Negri, un Francis Fukuyama), coincidieron en ignorar el nacionalismo agresivo de las potencias imperialistas, la creación de “republiquetas” de la OTAN en los Balcanes y las antiguas facturas pendientes en las repúblicas de la ex URSS. Por lo demás, la reasunción de la anfictionía bolivariana les ha merecido el más olímpico desprecio.
MSNA: ¿Cuáles serían los movimientos y partidos de izquierda existentes en Nuestra América?
JS : A 50 por país tendríamos, como mínimo, un millar de organizaciones. La síntesis de lo “macro” obliga a distinguir la histórica confrontación entre dos grandes campos: el nacional-popular y el liberal-conservador. En ambos, siempre hubo, como en el tango, “valores y doblez”: izquierdas y derechas, arribas y abajos. La coyuntura presenta cuatro sub-escenarios:
1) Sociedades dinámicas que consolidan sus conquistas revolucionarias (Cuba, Venezuela);
2) Procesos que impulsan mayor poder para sus pueblos (Bolivia, Ecuador, Argentina, Nicaragua y, posiblemente, Perú).
3) Movimientos populares que dan la pelea a pesar de los fuertes condicionamientos estructurales (Brasil, Uruguay, El Salvador, Paraguay).
4) Fuerzas políticas que encaran la represión abierta (Colombia, Honduras, Chile), o se debaten en condiciones ideológicas y organizativas muy precarias (México, Costa Rica, Panamá, Guatemala, República Dominicana).
MSNA: ¿Qué avances y retrocesos de las izquierdas se perciben en la actualidad?
JS: Las guerras del imperio en Asia central han colocado a nuestros pueblos en situación análoga a la del decenio 1935-1945, cuando dieron un salto de calidad. En todo caso, no pudimos evitar entonces que el imperialismo impusiera las siglas de la dominación: TIAR, OEA, FMI, etcétera, que sólo fueron rechazadas por Argentina, impulsora del “tercermundismo” pocos años antes de nacer el Movimiento de los Países No Alineados.
Hoy es distinto. Contamos con el MERCOSUR (1991), el ALBA (2004), la UNASUR (2007), y el ramillete de propuestas de integración y soberanía que empiezan a tomar color: Banco del Sur, Consejo Energético del Sur, Consejo de Defensa del Sur, Petrocaribe, Parlamento sudamericano.
Los intentos fallidos del golpismo oligárquico en Venezuela (2002) y Bolivia (2004) fueron conjurados por las movilizaciones populares y la solidaridad política subregional. En Argentina, la ofensiva “destituyente” del poder agrario (2008) no tuvo la solidaridad esperada. No obstante, el golpe en Honduras (2009), y el claro apoyo a la tenaz resistencia popular permitieron que, a la postre, el líder Manuel Zelaya retornara a su país.
De corte clásico, el golpe hondureño no fue tan sorpresivo que digamos. Pocos meses antes, al inaugurar la 39 reunión de cancilleres de la OEA en San Pedro Sula, y en clara referencia al bloqueo de Cuba, Zelaya dijo: “No podemos irnos de esta asamblea sin reparar la infamia contra un pueblo”.
La eficaz intervención de la UNASUR durante el fallido golpe en Ecuador (2010), galvanizó la voluntad política subregional. Así como su rápida y eficaz intervención para contener las provocaciones del colombiano Alvaro Uribe (empecinado en declarar la guerra a Venezuela), y la pronta reacción frente a la crisis capitalista mundial en curso, revelaron que, por sobre las diferencias, nuestros pueblos exigen la unidad. La Comunidad de Estados Latinoamericana y Caribeños (CELAC), partirá de tales premisas. Se acabaron los iberoamericanismos y panamericanismos “made in USA”.
MSNA: ¿Qué alternativas se visualizan para impulsar la creación de poder popular?
JS: Cuba perfecciona sus formas de poder popular y el sistema socialista. Venezuela cuenta con mejores condiciones que Bolivia, Ecuador y Nicaragua para impulsarlos. A pesar de las despiadadas críticas de las izquierdas sin pueblo, el peronismo ha sido un hueso duro de roer, y por causas similares a los del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, cuando algunos de sus dirigentes respaldaron la gestión de Lula.
En Chile, el potente movimiento estudiantil da que hablar. En México, sólo en las comunidades zapatistas existen formas de poder popular. En Perú, la gestión de Humala podría reanimar las formas de poder popular de otras épocas. Y atención a las movilizaciones juveniles en Puerto Rico.
La situación ideal no existe en ningún país, pero en todos hay rechazo al capitalismo salvaje. Las pretensiones de mayor poder popular obligan a sopesar, país por país, los estragos causados por un modelo de acumulación que no sólo ha sido económico. En 30 años, el neoliberalismo vejó la política, concentró la economía, alienó la educación, monopolizó la comunicación y traficó con la cultura de los pueblos, despojándolos de identidad. En todas las dimensiones de la existencia (hasta en el modo de comer, vestir, leer y relacionarse), la cultura neoliberal penetró de un modo muy profundo.
En ese sentido, cualquier política destinada a reactivar la economía con valor agregado, la redistribución del ingreso, el respeto a los pueblos originarios, el freno a los monopolios de la información y el terrorismo mediático, la defensa de los derechos humanos y el medio ambiente, la atención a maestros, jubilados, mujeres y niños, merece ser apoyada, defendida y criticada sin mezquindad ideológica, y conjurando el maximalismo desestabilizador de ciertas izquierdas, al que las derechas dan cuerda con cara de “yo no fui”.
La estrategia pensada por los libertadores de la primera hora continúa vigente: América para los americanos. Mas no la de Monroe y el norte “revuelto y brutal” que, al decir de Darío, dispersó “tantos vigores distintos”. Sólo ganan batallas, los que están en ellas. Hay que actuar con imaginación, sin telarañas filosóficas, coartadas ideológicas y subterfugios políticos.
Los grandes acontecimientos suelen ocurrir de manera repentina, pero con señales que los anticipan. Y se incuban, maduran y eclosionan, como resultado de las condiciones que los tornan posibles.
* Entrevista aparecida en Ediciones del Movimiento de Solidaridad Nuestra América, pp. 64-75, México, octubre 2011