Responsabilidad y justicia social


EXIGENCIA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA Y ESTATAL EN AMERICA LATINA ANTE LA CRISIS ECONÓMICA: GARANTIA DE UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA DE INCLUSIÓN SOCIAL.


Lydia Guevara Ramírez[1]

INTRODUCCIÓN

“La economía mundial se encuentra sumida en una triple crisis  de amplio alcance, que  se  inició  en  el  mercado  inmobiliario  de  EE  UU,  se  extendió  por  todo  el  sistema  financiero  no regulado, desembocando  en una  crisis del  mercado  de  créditos que  se  trasladaría más  tarde  a una  crisis  del  empleo.  Finalmente,  ha  evolucionado  hasta  convertirse  en  un  círculo  vicioso complejo y pernicioso,  donde  la caída  de  los precios de  la vivienda  y  el creciente  desempleo se  combinan  para  alimentar la  crisis  del  mercado de  créditos.  Esta  crisis  se  está  extendiendo por  las economías industrializadas, emergentes y en desarrollo”[2].

Este es el cuadro actual de la situación de crisis que vive el mundo, que se puede encontrar en cualquier información, declaración, conferencia impartida por los especialistas, incluso defendida por los ideólogos del imperialismo, del capitalismo financiero y de las empresas transnacionales, los grandes consorcios bancarios y crediticios, repetido por todo el mundo desarrollado (e incluso por representantes de los trabajadores), para como siempre terminar culpando a quien sin embargo carga en sus espaldas las consecuencias de esta crisis que ya dura varios años. ¿Por qué? Porque los antecedentes de la crisis actual no pueden verse de ningún modo vinculado estrictamente a los tres elementos mencionados en la Declaración a la Cumbre del G20 de abril pasado, presentada por la Agrupación de Sindicatos Globales, no es producto sólo de la crisis inmobiliaria, ni financiera y crediticia ni del empleo que aparecen cual efecto dominó con interdependencia total entre ellas pues se convierten en una relación de causa- efecto.

Los antecedentes hay que buscarlos en un período anterior como resultado de la especulación financiera, en el uso de capitales de casino, en economías volátiles y dependientes de factores inducidos como son las guerras para el sostenimiento del capital militar industrial. La expansión financiera del capital a toda costa y todo costo ha provocado aceleradamente la crisis ambiental denunciada en América Latina desde la década de los años 80, al utilizarse por los países altamente desarrollados y las multinacionales, como el nuevo actor internacional de aquella década, este territorio para basurero de producciones tóxicas y sucias con total desprecio de la ecología y de la vida y la salud de los propios ciudadanos de estos países.

Por eso recordamos la intervención del compañero Fidel en la Cumbre de la Tierra de 1992[3] cuando expresó “una especie está en peligro de extinción: el hombre”. Han pasado 17 años desde la fecha y por tanto mantenemos el criterio de que ya en esos momentos comenzaba una crisis en la explotación de los hidrocarburos y en energía no renovables, agotándose los bosques y dañándose la capa de ozono para todo el planeta.

Ese propio agotamiento de los hidrocarburos trajo aparejado las incursiones militares en varios países so pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico y que ahora volvemos a un nuevo ciclo de amenazas con las 7 bases militares concedidas por Colombia a los Estados Unidos en su territorio enfiladas contra toda la América Latina[4].

La especulación de los capitales irreales, emitidos en bonos y papeles sin respaldo productivo real, parecía que iba a contribuir al desarrollo de las economías de los países más pobres, siendo un efecto inverso, iban cavando la fosa para el entierro de las economías nacionales y el empresariado local no competitivo por los costos, los subsidios y otros elementos que se han ido potenciando hasta convertirse en la bola de nieve que en su caída va arrasando con todo lo que encuentra a su paso. 

Muchos fundamentan sus investigaciones y estudios en la gran ola de corrupción con efecto tsunami, que después de su aparición, ha seguido creciendo y desarrollándose hasta inundar a todos los países, ninguno está exento del blanqueado de dinero proveniente de la droga, el tráfico de influencias, el tráfico de personas y otros males tan viejos y existentes en épocas anteriores que crecen y crecen hasta ser insoportables para los que nada tienen que perder, además de las cadenas que los atan a una vida miserable, de exclusión social y económica. La corrupción ha llevado a la quiebra económica y moral de grandes consorcios, como sucedió comenzado el siglo XXI con las corporaciones Worldcom y Emron que trajeron consigo sucesivos casos de corrupción de otros capitales, empresarios, países, estados y sus gobiernos.

Cuando se discutían las ventajas y desventajas de la creación de un área de libre comercio con los Estados Unidos, siempre se planteaba que una de las grandes desventajas existentes para los países latinoamericanos era la corrupción interna en los gobiernos, la cual ha ido descendiendo con el arribo en el presente siglo de gobiernos progresistas en varios países, a modo de ejemplo, en Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Bolivia.

En definitivas, por aquí rondan los antecedentes del descalabro actual. Algunos ni se molestan en buscar soluciones, pues están acostumbrados a los vaivenes de estado de bienestar, crisis, soluciones de choque, regreso al estado de bienestar y sigue el círculo vicioso. Al capitalismo le son consustanciales las crisis, como al desarrollo humano las enfermedades y la muerte. Aunque el conformismo no será la solución a los problemas más acuciantes de la humanidad ni la salida de las crisis.

¿QUE EXHIBE EL MUNDO AHORA?

La  situación  es  más grave ahora que en épocas anteriores. Se han registrado caídas estrepitosas en el PIB de casi todos los países, desde finales del 2008 y sigue en ascenso sin que se pueda vislumbrar el momento del declive y del descenso. Si hay caída del PIB en las economías del Grupo de los 7, la Unión Europea, los Estados Unidos y al interior de los países miembros de la OCDE, ¿qué vamos a esperar para el Sur? Se trata de las peores cifras jamás  registradas. 

Por eso aseveramos que la humanidad presencia una pandemia, que incluso ha contagiado por su poder de infección a  las  economías  emergentes  y  en  desarrollo, donde ni hablar de crecimiento económico, lo cual sería un eufemismo, éste o no existe o el leve despunte de sus economías se ha estancado, observándose una profunda recesión   en  las  regiones  en  desarrollo  en el presente 2009. ¿Cuál ha sido una de las causas? Entre las que podríamos mencionar de mayor impacto está la baja competitividad de sus producciones que ha conducido a un fuerte y acelerado descenso  de sus exportaciones  y  por ende, se ha resentido el propio capital privado autóctono.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) se han identificado veintiséis  países  de  bajos ingresos  en  África,  Asia, las Américas y Europa del Este  como  “altamente  vulnerables”  a  los  efectos  adversos  de  la recesión  global en 2009. Los organismos internacionales como OIT, OMC y otros consideran que los Objetivos de Desarrollo del Milenio no podrán ser conseguidos en el presente decenio a causa de la pobreza y la miseria, pues el tan mencionado progreso alcanzado en el desarrollo económico y social  en el último decenio ha pasado a ser un espejismo, como un oasis en un desierto, ya que en realidad poco se ha hecho en el combate de las reales causas que originan la muerte prematura de las futuras generaciones, el subdesarrollo, el analfabetismo, las enfermedades curables que pasan a ser incurables por no ocupar un relevante lugar para algunos gobiernos y por ende al interior del país hay otras prioridades que ocupan espacios preferenciales, sin comprender que sin salud y educación es imposible el desarrollo.

Otros flagelos inductores de la pobreza, cuales son el desempleo, el empleo subterráneo, el subempleo, la economía informal, la tercerización, la intermediación en el empleo, en lugar de reducirse, de someterse a la regulación por los Estados, se sitúan como agenda del diálogo social, cual si fuese “la solución” de las metas del trabajo decente y de otros objetivos propugnados por la OIT. Consultando tanto la página Web de la OIT, los últimos acontecimientos de reuniones de los bloques regionales, de organizaciones multilaterales y otros, hemos podido llegar a obtener información relativa a que el desempleo ha seguido aumentando  en  el primer semestre de 2009, por tanto el escenario que  la  OIT vaticinaba para el presente año con un  incremento del  desempleo en  50 millones  en  todo  el  mundo  pasó a ser una cifra inferior a la realidad. Hoy hay resultados más ensombrecedores que  apuntan hacia  más  de 200  millones  de  trabajadores que podrían  caer en extrema  pobreza, junto con sus familias, principalmente  en  los  países  llamados “en  desarrollo  y  emergentes”, porque la realidad es bien distinta: no existen políticas de seguridad  social adecuadas, no se prioriza la atención social, no se busca una salida alternativa a la crisis de la vivienda, de las condiciones de seguridad y  de la vida misma, lo que implica que el número de pobres que, aún trabajando ganan menos  de  2  USD al día percápita, podría llegar a  alcanzar 1.400 millones.  Por ejemplo, en junio de 2009 se publica por CEPAL que  “el desempleo en la región aumentó en más de un millón de personas durante el primer trimestre de 2009. Entre 2,8 y 3.9 millones de personas podrán sumarse a los 15,9 millones de personas desempleadas en zonas urbanas en el 2008”.

No se hizo esperar la influencia del enfoque de género en la situación actual, ya que el  60%  de  los  pobres  del  mundo  son  mujeres. A la hora de declarar desempleados en una industria, en cualquier organización, de inmediato la decisión comienza por las mujeres y dentro de ellas por diferentes estratos y divisiones que provocan discriminación tales como la edad, la raza, el color de la piel, la procedencia nacional y social, el estado conyugal y otros.  Si los  trabajadores  y  trabajadoras  de   todo  el  mundo  están  perdiendo  sus  puestos  de  trabajo  y, por ende, sus  viviendas,  quienes más padecen son los hogares monoparentales donde las mujeres son las cabezas de familia y por tanto sus hijos e hijas son  las  víctimas inocentes  de esta  crisis precipitada  por  la corrupción, la especulación, la codicia  y  la  incompetencia en  las diferentes esferas de gestión y dirección,  cuyo fundamento descansa en las políticas  de  privatización,  liberalización  y desregulación  del  mercado  laboral  desde que los discursos neoliberales hicieron eco en los oidos de personas y en la conciencia de los representantes de las organizaciones internacionales y los gobiernos.  

Mientras los capitales y las empresas transnacionales se encontraban extrayendo el jugo del trabajo de los trabajadores y comprometiendo el desarrollo del Sur, se olvidaron de la participación de los pueblos. En esos momentos la tan traída y llevada “Responsabilidad social” no estaba situada en la agenda de los gobiernos ni de las empresas.  La educación, la salud, el empleo, la cultura, los derechos económicos sociales y culturales no constituían[5] derechos humanos de primera generación, no eran derechos naturales y adquiridos sino otorgados gracias a una mirada de vez en vez de los gobiernos, de las multinacionales, de los organismos internacionales y sus agencias locales, de sus acuerdos y metas, de sus paliativos y no de verdaderas acciones para reducir hasta erradicar la miseria, el hambre, las muertes por enfermedades curables y otros males que siguen aquejando a las sociedades excluidas.

El comienzo del siglo XXI ha sido ejemplo palpable de soluciones pensadas “en laboratorios y tormentas de ideas” de los ideólogos imperialistas. Ante la necesidad de petróleo que se venía vislumbrando en muchos países,  los Estados Unidos profundizaron la propaganda del terrorismo y se enfrentaron a los nuevos gobiernos progresistas y nacionalistas en la región latinoamericana y en algunos países árabes donde se explotan las mayores reservas mundiales. En su momento, los Estados Unidos comulgaron con los cabecillas de dichas fracciones terroristas que fueron creados por ellos mismos y así estallaron “por un atentado terrorista” las Torres Gemelas en septiembre de 2001 que constituyó el motivo para las agresiones y ocupaciones militares de los territorios de Afganistán e Irán y sucesivas guerras de baja intensidad en otras regiones para llamar la atención “hacia el terrorismo” y que la opinión pública aceptara con beneplácito y hasta aplaudiera su doctrina del primer golpe, la seguridad nacional y la defensa de los intereses de los Estados Unidos en los llamados “oscuros lugares” de este planeta[6].

Los  efectos de  estos procederes se pueden observar en la esfera que nos ocupa, con mayor claridad ahora: diálogo social entre sujetos diferentes: unos con el poder para decidir y otros con la necesidad de someterse para sobrevivir, tripartismo del cual se destaca negativamente una de las partes, el Estado, que no juega ningún papel, porque ha apostado por el diálogo social entre las otras dos partes, mirando los toros detrás de la barrera. No regula, no prohíbe, incluso no simula ni su mínima participación.  Se amparó en el discurso neoliberal de la desregulación y el desmontaje del Estado como empresario, para convertirse en  simple espectador. Entonces los resultados saltan a la vista: salarios  mínimos que no son ni parte del mínimo vital, porque con 1 o 2 dólares per cápita no se puede sobrevivir, mucho menos mantener una vida estable y desarrollarse,   recortes  en  la  protección  social, privatización de los seguros sociales, ausencia casi total de protección y seguridad en el trabajo, deficiente capacitación del personal, erosión  de  los  derechos  de   los trabajadores y trabajadoras.

El empleo se ha precarizado al mismo ritmo que se ha tercerizado la relación laboral[7], apareciendo un tercer sujeto en forma de “empleador temporal” suerte de fraude laboral por simulación de relaciones laborales, que recibe pero no da nada, que puede obtener lucro de su gestión y sin embargo cada día se achica más el empleo estable y seguro.  Hoy en día se agudizan las  desigualdades  y  la  vulnerabilidad de las capas más empobrecidas de la sociedad.  Los propios organismos internacionales, los ideólogos de todas estas alternativas para solucionar lo que se resuelve con otros medios y acciones, han entendido que la  escala  de la  crisis actual constituye el testimonio del  fracaso de  sus  políticas y proposiciones.

Entonces organizan las grandes Cumbres para lanzar Programas y Planes cuyos resultados se obtendrán a la vuelta de un decenio, sabiendo que cuando llegue la fecha, nada estará resuelto y han vuelto a triunfar sobre la opinión pública creyente de sus intenciones de apoyo y ayuda. Con el capital utilizado en las guerras de Afganistán e Irán, se hubiesen logrado las metas del decenio de la Organización Mundial de la Salud, o se hubiera paliado el hambre y la miseria de los países más vulnerables del mundo.

Ahora, en el momento de la crisis, cuando ya no padecen los pueblos, porque han sido los que siempre han estado en la parte inferior de la pirámide, sino que son los capitales en movimiento de espiral hacia el descenso, los cuales están obligados a resistir los embates de las quiebras y la pérdida de recursos materiales, financieros, crediticios y de todo tipo, con pies flacos y endebles incapaces de sostener cuerpos robustos, llaman a los pueblos para que los protejan, los defiendan y compartan con ellos las vicisitudes que enfrentan. En época de florecimiento y esplendor, compartían las migajas, las sobras de sus abultadas ganancias, ahora imploran auxilio, apoyo, oxígeno a su sistema, compasión de aquellos a los que nunca han compadecido.

José Martí decía “ha llegado la hora de los hornos y no debe verse más que la luz” y podríamos acompañar esta visión futurista del siglo XIX, durante las guerras de independencia en Cuba con las palabras a un siglo de distancia del Guerrillero Heroico, nuestro Ché Guevara, cuando predijo que “esta Gran Humanidad ha dicho basta y ha echado a andar y su marcha de gigantes no se detendrá hasta alcanzar la verdadera independencia por la que ha muerto más de una vez inútilmente”[8].

No por gusto, el Comandante en Jefe Fidel Castro, el compañero Fidel, ha estado llamando a la reflexión, en tanto ha insistido en una nueva visión de los organismos internacionales, la modernización y democratización de sus estructuras, la más amplia participación de todos los países y regiones,  la creación de verdaderos espacios de discusión y de toma de decisiones aplicables específicamente a las necesidades de cada región, a la condonación de la deuda externa que impide el desarrollo, a que los gobiernos sean más nacionales, más responsables ante sus ciudadanos y menos sumisos a los capitales internacionales.

Cuando  las  economías latinoamericanas, por citar una región específica y las que nos ocupa,  empiecen  a  recuperarse a la vuelta de un quinquenio o quizás un decenio[9], no alcanzarán el estadio anterior a la explosión de esta crisis, sin que los “daños colaterales” hagan colapsar todo el entramado productivo, social, económico, político y moral.   

Compartimos el criterio expuesto por aquellos economistas, investigadores, políticos serios y veraces, respecto a que habrá que crear y reproducir espacios de intervención estatal, porque el diálogo social y  la auto-regulación  por si solos han mostrado  evidencias nada despreciables de su imposibilidad para solucionar los problemas más acuciantes de la sociedad y lo que han hecho palpable es el  fraude  y  la mentira, porque a fuerza de concentrar el poder en la parte más fuerte y decisoria del llamado diálogo, la  codicia  ha  anulado  cualquier  consideración  racional  en  detrimento  de  la economía  real.

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS

La responsabilidad social corporativa adquirió relevancia durante la última década del siglo XX, impulsada por varias tendencias económicas y sociales. En los años ochenta la política económica mundial se apartó de la regulación y de la intervención estatal, promoviendo la liberación del comercio y la reducción del papel del Estado.

En el año 2001 se publicó el Libro Verde de Responsabilidad social de las empresas, vigente para la Unión Europea, (tomando en cuenta que su contenido tiene tanto una dimensión interna, con respecto a los trabajadores, al interior de la empresa, como una dimensión externa, con respecto a la comunidad, la sociedad, los clientes y proveedores).

La OIT, en tanto organización internacional especializada en los temas laborales, también ha publicado varios informes y directrices sobre temas afines, como el trabajo decente, no obstante, aún los empresarios no han concientizado su responsabilidad social ante los trabajadores, la cual se aborda a veces desde una perspectiva que opone la dimensión económica de la empresa ("los resultados") a la dimensión social ("la responsabilidad")[10].

La responsabilidad social de las empresas es, esencialmente, un concepto con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio. Según el Libro Verde de la Comunidad Europea, se define como la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores.

Existen varias definiciones respecto a la Responsabilidad Social Empresarial, todas coinciden en que se trata de una forma de gestionar la empresa teniendo en cuenta sus objetivos económicos, compatibilizando los mismos con los impactos sociales y medioambientales. No hay una definición que haya sido universalmente aceptada para definir a la Responsabilidad Social Empresarial; según DERES (y es la definición más popular), es "una visión de negocios que integra a la gestión de la empresa, el respeto por: los valores y principios éticos, los trabajadores, la comunidad y el medio ambiente". Esto quiere decir que es un interés propio e inteligente de la empresa que produce beneficios a la comunidad y a la propia empresa.

La responsabilidad social no tiene que ver con aspectos filantrópicos, ni una forma de realizar trabajos sociales en la comunidad, sino se trata más bien de una estrategia de la empresa, en su gestión de negocios. Las empresas que practican responsabilidad social además obtienen otros beneficios como  ser más atractivas para los clientes, para sus empleados y para los inversionistas; razón por la cual son más competitivas y pueden obtener mayores ganancias. Para ser exitosa, debe involucrar además distintos grupos de interés como los trabajadores, los clientes, los proveedores,, etc. que trabajando coordinadamente para crear valor, puedan lograr mejores resultados para la comunidad y para la misma empresa[11].

¿Cuáles son los factores que han contribuido al nacimiento y desarrollo de la responsabilidad social empresarial? En primer término la globalización y su discurso neoliberal del diálogo social, dando un papel protagónico al capital en detrimento del estado, También han influido enormemente los medios como el cuarto poder que crea y destruye, ampara y desorienta a la opinión pública y determina qué se consume, cómo y cuándo. Otro factor ha sido el crecimiento impresionante del sector terciario en lugar de los sectores industriales y extractivos, el deterioro acelerado del medio ambiente por una política desenfrenada al consumo sin barreras, sin aplicar el reciclaje, la reutilización, el reacomodo de los portadores energéticos y los productos sustitutivos de los hidrocarburos y por último el papel de los ciudadanos como  consumidores e inversionistas[12].

La responsabilidad social aparece como la respuesta comercial ante la necesidad de un desarrollo sostenible que proteja el medio ambiente y a las comunidades sin descuidar los temas económicos. ¿Será la realidad de lo que queremos abordar en nuestro trabajo? Sigamos con algunas definiciones y criterios traídos de diferentes escritos publicados en los últimos 4 – 5 años.

Según DERES para conocer el grado de compromiso de una empresa con la responsabilidad social empresarial[13], se pueden evaluar los avances en las siguientes cinco áreas:
§  Valores y Principios Éticos (integración de un conjunto de principios en la toma de decisiones en procesos y objetivos estratégicos, conocido como "enfoque de los negocios basado en los valores" y se refleja en general en la Misión y Visión de la empresa, así como en sus Códigos de Ética y de Conducta).
§  Condiciones del Ambiente de Trabajo y Empleo (políticas de recursos humanos que afectan a los empleados, tales como retribuciones y beneficios, promociones, capacitación, ambiente de trabajo, diversidad, balance trabajo-tiempo libre, trabajo y familia, salud, seguridad laboral, etc).
§  Apoyo a la Comunidad (acciones que la empresa realiza para maximizar el impacto de sus contribuciones, ya sean en dinero, tiempo, productos, servicios, conocimientos u otros recursos que están dirigidas hacia las comunidades en las cuales opera).
§  Protección del Medio Ambiente (Es el compromiso de la organización empresarial con el Medio Ambiente y el desarrollo sustentable, para la optimización de los recursos naturales, la preocupación por el manejo de residuos entre otros)
§  Marketing Responsable (involucra un conjunto de decisiones relacionadas fundamentalmente con los consumidores en cuanto al producto, las prácticas comerciales, los precios, la distribución, el marketing y la publicidad).

LA ESTANDARIZACIÓN INTERNACIONAL DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL.

Siendo un tema de interés empresarial y considerando que la Organización Internacional de Normalización posee un conjunto de normas internacionales de sistemas de gestión, como son el de la calidad, el medio ambiente, la seguridad y salud en el trabajo, se ha seguido trabajando en pos de publicar la norma ISO 26000[14] de Responsabilidad Social empresarial, cuyos objetivos son:
  • Asistir a las organizaciones a establecer, implementar, mantener y mejorar los marcos o estructuras de la “Responsabilidad Social”.
  • Apoyar a las organizaciones a demostrar su “Responsabilidad social” mediante una buena respuesta y un efectivo cumplimiento de compromisos de todos los stakeholders[15] incluyendo los empleadores, a quienes quizás recalcará su confidencia y satisfacción;
  • Facilitar la comunicación confiable de los compromisos y actividades relacionadas con la responsabilidad social.
  • Promover y potenciar una máxima transparencia.
  • Constituir una herramienta para el desarrollo de la sustentabilidad de las organizaciones mientras se respeten las condiciones relacionadas con las leyes de aguas, costumbre y cultura, ambiente psicológico y económico.
  • Hacer también un ligero análisis de la factibilidad de la actividad, refiriéndose a los asuntos que pueden afectar la viabilidad de la responsabilidad social.

De esta manera se plantean algunos beneficios a partir de la implementación de dicha norma entre los cuales algunos entran directamente en lo que propugna el Pacto Mundial:
  • Facilitar el establecimiento, implementación y mantenimiento y mejora de la estructura o marcos de RS en organizaciones que contribuyan al desarrollo sustentable.
  • Fortalecer las garantías del cumplimiento de principios universales, como se expresa en las convenciones de las Naciones Unidas, y en la declaración incluida en los principios del Pacto Global y particularmente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las declaraciones y convenciones de OIT, la declaración de Río sobre el medioambiente y desarrollo, y la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción.
  • Facilitar las liberaciones del mercado y remover las barreras del comercio (implementación de un mercado abierto y libre),
  • Complementar y evitar conflictos con otras normas y requerimientos de RS ya existentes.

No obstante, todo lo antes dicho podría tomarse como una forma de atender el negocio y favorecer a los trabajadores y la comunidad, pero la realidad es otra. En primer orden, los códigos de conducta o de buenas prácticas que preconiza la responsabilidad social de las empresas no deben considerarse sustitutos de la reglamentación o legislación sobre derechos sociales o normas medioambientales, ni tampoco soslayar la elaboración de nuevas normas.

El peligro del discurso sostenido en los documentos internacionales[16] consiste en que en última instancia, la responsabilidad social, tiene un trasfondo económico y comercial, de aumento de la competitividad, más que de los aspectos puramente sociales, priorizando  la imagen empresarial como cumplidora de las prácticas favorecedoras de un entorno limpio y seguro, cuando en realidad lo que se busca es el incremento de la productividad a partir de sistemas de gestión de la calidad, de gestión de la seguridad y salud y de gestión ambiental[17],  principalmente en aquellas entidades de presencia transnacional con reconocida participación en el mercado.

En una empresa orientada hacia el mercado, se requiere una competitividad empresarial superior para poder sobrevivir a la presión de la economía. Por  eso  el empleador buscará los mejores talentos, así como el personal más dócil, manejable, capaz de asumir funciones sin protestar y,  tratará de librarse de los que ya no son convenientes.

Cuando esas mismas transnacionales “líderes en la atención a sus trabajadores y al medio ambiente” en el territorio de la casa matriz, se mueven hacia territorios de ultramar, es como si cambiaran las personas y su compromiso de responsabilidad social, los sindicatos no tienen cabida cuales representantes de los trabajadores, no se admite la negociación colectiva, es suficiente contar con códigos de conducta, no constituye una preocupación para la directiva la protección de la integridad física y mental de los trabajadores y aparecen en las filiales las garras de las aves de rapiña, a las que poca interesa la suerte y el destino de los trabajadores de esos territorios. En fin de cuentas, el derecho laboral que los debe proteger es el del país de acogida, en su concepto de territorialidad como principio de este derecho pero pocas veces los alcanza dicha normatividad nacional, porque o es inexistente o tiene demasiadas lagunas, o sencillamente se abren espacios para la inversión extranjera en el entendido que aportará nuevos puestos de trabajo y contribuirá al desarrollo de las industrias nacionales y por tanto se crean condiciones para que el inversionista extranjero se encuentre liberado de su “responsabilidad social”.

Las leyes de mercado existen desde que comenzó el capitalismo y desde que la competitividad se instituye en el mercado como ley que mueve los resortes de la producción y la prestación de los servicios. Para el capitalista lo más importante es obtener la máxima ganancia a menor costo de los trabajadores.

Por eso se hace necesario en nuestra región latinoamericana que los gobiernos, sindicatos, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales, desarrollen acciones dirigidas a que las empresas asignen  a  las cuestiones sociales y  medioambientales el mismo  nivel de prioridad que  tienen el comercio y las finanzas, reconozcan que la ética empresarial es necesaria inclusive para el comercio normal. En tal sentido, los sindicatos deben existir, la negociación colectiva debe tener su espacio para la suscripción de los convenios colectivos de trabajo, pues a falta de norma legal de carácter global, el convenio se constituye como el acuerdo entre las partes con carácter normativo y de respeto a lo pactado.

Nos vienen al recuerdo los textos de los Borradores del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, ALCA, el cual en lo relativo a medio ambiente y cuestiones laborales, aún cuando comenzaba a hablarse de Responsabilidad social corporativa en Nuestra América, ya claramente se refería a que los Estados no podían invocar normas medioambientales ni laborales porque no estaban consideradas dentro del Acuerdo aunque llamaba a respetar “los derechos laborales” considerados en la Declaración de Principios y derechos fundamentales de la OIT, o sea, con carácter restrictivo referidos a los 8 convenios fundamentales de la OIT.

RELACIÓN ENTRE EL PACTO MUNDIAL Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL.

El Pacto Mundial es una iniciativa de carácter voluntario que consiste en el compromiso público de empresas y organizaciones de adoptar y apoyar un conjunto de diez principios básicos de responsabilidad social. Estos principios se derivan de acuerdos y convenios internacionalmente aceptados en cuatro áreas estratégicas donde las empresas y organizaciones tienen un enorme potencial de contribuir a cambios positivos. Las áreas son derechos humanos, condiciones laborales, medio ambiente y transparencia /corrupción.

El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, propuso por primera vez el Pacto Mundial en un discurso pronunciado ante el Foro Económico Mundial de Davos el 31 de enero de 1999, comenzando la fase operacional en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York el 26 de julio de 2000. El Secretario General invitó a los dirigentes empresariales a sumarse a esa iniciativa internacional, en cuyo marco las empresas colaborarían con los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones laborales y la sociedad civil para promover principios sociales y ambientales de carácter universal[18].

El Pacto Mundial propone justamente servir de puente entre el sector privado, los gobiernos y la sociedad civil, con fines de realizar la visión de una economía global más sustentable, incluyente y humana. Además propugna aprovechar la fuerza de la acción colectiva para fomentar la responsabilidad cívica de las empresas de modo que éstas puedan contribuir a la solución de los retos que plantea la globalización. No es un instrumento normativo ni de certificación, no ejerce funciones de vigilancia, no impone criterios y no evalúa la conducta ni las acciones de las empresas. Al contrario, se basa en la responsabilidad pública para promover y ejecutar medidas encaminadas al logro de los 10 principios en que se basa el Pacto Mundial.

Éste actúa como una red y su núcleo está integrado por seis organismos de las Naciones Unidas: la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos; el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente; la Organización Internacional del Trabajo; el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial; y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

El Pacto Mundial pide a las empresas que hagan suyos, apoyen y lleven a la práctica, en sus ámbitos de influencia, un conjunto de valores fundamentales en forma de principios de la responsabilidad social, en las esferas de los derechos humanos, las condiciones de trabajo, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción:

Derechos Humanos
·         Principio 1 Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales internacionalmente reconocidos dentro de su ámbito de influencia; y
·         Principio 2 Deben asegurarse de no ser cómplices en la vulneración de los derechos humanos.

Relaciones laborales
·         Principio 3 Las empresas deben apoyar la libertad de afiliación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva;
·         Principio 4 La eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción;
·         Principio 5 La erradicación del trabajo infantil; y
·         Principio 6 La abolición de las prácticas de discriminación en el empleo y  la ocupación.

Medio ambiente
·         Principio 7 Las empresas deben mantener un enfoque preventivo orientado al desafío de la protección medioambiental;
·         Principio 8 Adoptar iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental; y
·         Principio 9 Favorecer el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente.

Lucha contra la corrupción
·         Principio 10 Las empresas deben luchar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y el soborno.

Sin intenciones de hacer una crítica a esta iniciativa, que por demás puede someterse a muchas porque nuevamente se despoja a los Estados de su misión de preservar todos estos derechos y principios, dejando por sentado que es el sector empresarial[19] quien lo puede lograr, ya que el Estado  no debe actuar como empresario, y por tanto se coloca dicho sector como interlocutor en cada país en nombre y representación de la producción y la prestación de servicios, se podrá entender que en estos aspectos el Pacto Mundial se interrelaciona con la dimensión interna de la Responsabilidad Social, o sea, atañe a aquellos aspectos de la vida empresarial que influyen sobre su imagen, para el mejor desempeño y desarrollo de la dimensión externa o sea, de los negocios, que es en última instancia “la cara oculta de la luna”, lo que desea alcanzar la empresa, que por demás no es filantropía, sino la unión de intereses para arriesgarse en una aventura de búsqueda de incentivos financieros y materiales.

Se refiere a 4 Convenios o Declaraciones Internacionales del Sistema de Naciones Unidas cuales son la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la Declaración de Principios y Derechos Fundamentales de la OIT, de 1998, la Declaración de la Cumbre de Río de 1992 sobre Medio Ambiente y Desarrollo y la Convención de ONU contra la Corrupción de 2004.

Cuando se leen estos enunciados tratados en pactos celebrados con los empresarios y la llamada organización de la sociedad civil, se tiende a confiar en las buenas intenciones de las partes que incentivan el respeto por un conjunto de principios y derechos, pero muy pronto se puede observar como el gobierno de los estados donde actúan dichas empresas, se encuentran de manos atadas ante la política liberal y neoliberal de la cual se nutren las verdaderas intenciones del trasfondo económico de estos actores y protagonistas del “futuro desarrollo en las metas de los decenios”.

La responsabilidad social del Estado está limitada, disminuida, porque el estado en realidad no participa y las empresas se extralimitan en su actuación y aún cuando se presentan denuncias ante los propios organismos internacionales garantes de tales Pactos, poco se puede obtener, porque bien claro ha quedado por sentado que no constituye “un instrumento normativo, no ejerce funciones de vigilancia, no impone criterios y no evalúa la conducta ni las acciones de las empresas”. Termina por ser un espacio más para declaraciones de rechazo, de condena, en que las organizaciones internacionales “deploran el actuar de las entidades”, pero nada pueden hacer y no sucede nada importante.

En verdad, esto no es lo que deseamos y buscamos para Nuestra América. Queremos documentos normativos, documentos adoptados por la acción responsable de los Gobiernos en representación de sus respectivos países, que adopten en correspondencia sus normas nacionales de orden público para la tutela de los derechos en el ámbito territorial. De esta forma, los principios y derechos no pueden ser ni disminuidos ni violados por motivo de atracción de capitales foráneos ni por la impunidad de los capitales nacionales, la justicia no puede ser prorrogada, ni alterada la protección, por motivo de las consiguientes posposiciones derivadas de las etapas de crisis que impiden cumplir metas y visiones adoptadas en las organizaciones internacionales. Es imposible que el ejercicio de los derechos esté sujeto a los vaivenes de la economía y del mercado. 

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL EN AMERICA LATINA Y SUS CONSECUENCIAS

“La RSE constituye un fenómeno relativamente nuevo en América Latina. Su surgimiento puede vincularse  con la crisis iniciada por los persistentes signos de pobreza e inequidad en los 80, y 90, en el contexto de Estados menos aptos y de un sector privado mucho más poderoso.  Es en este tipo de contexto cuando las empresas perciben las presiones desde abajo y enfrentan temas de legitimidad, para las cuales la RSE constituye una buena respuesta.

Como concepto ha circulado profusamente sólo en los últimos años, y las organizaciones que lo promueven son igualmente jóvenes. El Instituto Ethos de Brasil se creó en 1998, mientras que Acción Empresarial de Chile lo fue en 1999. La organización mexicana Cemefi es algo mayor, habiéndose fundada en 1988. Perú 2021 se creó en 1994 y  Empresa, la organización cuya sede central  se encuentra en Sao Paulo es más reciente aún sólo recientemente está tratando de despegar y trata de vincular internacionalmente a organizaciones nacionales y promover el establecimiento de organizaciones nacionales allí donde no existen.”[20].

Por tanto participan las grandes empresas nacionales y multinacionales que operan en la región, ya que la pequeña y mediana empresa está ausente de estos empeños. A ella no ha llegado la responsabilidad social, una vez más se justifica  lo dicho con antelación, que se trata de la imagen empresarial para adquirir ganancias.

Actualmente hay evidencias, pero muy pocas  de la existencia de organizaciones regionales de consumidores y otras partes interesadas que puedan estar incorporadas a  organizaciones de la sociedad civil, que de manera proactiva y pública exijan un comportamiento empresarial responsable, ya que en estos ámbitos no hay tanta publicidad sobre la influencia del Pacto Mundial y la responsabilidad social empresarial.

Tampoco hasta hace poco tiempo[21] había indicios de acciones gubernamentales que permitieran observar una tendencia hacia la regulación de lo que hasta ahora es un compromiso voluntario de las empresas.

En realidad, se trata de la intromisión del capital en los asuntos internos de los gobiernos soberanos de la región, que con su actuar independiente y apostando a la integración verdaderamente latinoamericana, están impidiendo con su actuar que los capitales foráneos sigan extrayendo sus riquezas sin que la región se favorezca de los flujos de inversión.

De los materiales consultados se ha podido completar la imagen de la penetración de estos dos elementos juntos en América Latina. Hay 118 compañías de la región que han  adherido a la iniciativa del pacto mundial (Global Compact) en América Latina. El total de empresas adherentes a la fecha en el mundo es de alrededor de 1100.  Sobre este tema se publica con frecuencia artículos y notas de prensa con actividades en el gran mundo de los negocios,  con premios y reconocimientos públicos a las empresas con mayor reconocimiento, aunque es evidente la inclinación hacia los negocios.

La principal organización gestora de la Responsabilidad Social es lógicamente una entidad norteamericana conocida como  Empresa para la Responsabilidad Social (Business for Social Responsibility), la cual ha desempeñado un papel importante en la estructuración del soporte documental de la responsabilidad social   en las organizaciones latinoamericanas, con protagonismo de asesoría en las primeras etapas. Todas ellas han constituido una alianza con otros centros internacionales destacándose el  Instituto Ethos, Perú 2021, Prince of Wales International Business Leaders Forum ( Foro Internacional de Líderes Empresariales Príncipe de Gales) de Inglaterra,  Fundemas ( El Salvador), Empresa Privada para la Responsabilidad Social (Panamá). Acción Empresarial (Chile) y Cemefi (México) (2)[22]

Sin embargo, las consecuencias de la labor de estas instituciones se han observado en la pérdida de espacio de los sindicatos cuales organizaciones representativas de los trabajadores, pues no propugnan ni divulgan convenios colectivos de trabajo, sino que las Administraciones trabajan a favor de los llamados Códigos de Conducta y de Ética[23], que por su verdadero papel no tienen carácter tampoco normativo, ni son leyes, solamente son guías para la acción.

¿Qué es un Código de Ética empresarial?

Es un referente formal e institucional de la conducta personal y profesional para todos los trabajadores de una empresa, independientemente del cargo o función que ocupen. Constituye un patrón en el manejo de relaciones en la dimensión interna, o sea con los trabajadores y sus familiares, los gerentes, los jubilados del sector y con los grupos de interés en la dimensión externa como clientes, proveedores y contratistas; socios de negocio; el Estado y el gobierno; los entes de control, las comunidades y la sociedad en general.

De su contenido, en general, después de haber consultado algunos de ellos como el de PETROBRAS, (Brasil) ECOPETROL, (Ecuador) ATLAS COPCO (México), la Guía Empresarial de Nicaragua, el Código de Ética de ANJE (Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios de República Dominicana), podemos señalar rasgos comunes:

          El modelo más reconocido por las empresas es aquel que establece principios o valores, misión y visión, estrategias, objetivos y políticas que contemplen las relaciones que tienen la empresa con cada uno de los grupos de interés.
          Tienden fundamentalmente a ligar la actividad interna con la imagen empresarial hacia los públicos externos con enfoque de mercadotecnia.
          Los códigos deben expresar los compromisos que la empresa asume con cada grupo con que se relaciona y la ética de su gestión.
          Desempeñan funciones en lo interno y lo externo, para desarrollar una cultura empresarial, un clima que permita que los públicos se identifiquen con los proyectos de la empresa en el sentido de una visión compartida, sobre todo buscando respuesta a cada necesidad y expectativa de los mismos.
          Incluyen valores similares como son la responsabilidad, integridad y respeto.
          Los principios son guías para la actuación y se destacan la ética, la verdad, el cumplimiento de los compromisos, de las normas y procedimientos, la transparencia en la gestión, el cuidado del medio ambiente, la profesionalidad en la atención a sus públicos y otros.

A modo de ejemplo, se pudieran señalar los siguientes principios básicos para la actuación del empresario:
  1. Comprometerse a actuar siempre con apego a las leyes y disposiciones legales vigentes.
  2. Actuar con honestidad, veracidad y transparencia frente al Estado, sus accionistas, sus empleados, sus clientes, su competencia y la comunidad en general.
  3. No admitir ni procurar beneficios personales, tratamientos especiales o privilegios en su gestión en el mercado.
  4. Fomentar el dialogo como mecanismo de solución de conflictos, comprometiéndose a utilizar las vías alternativas tales como la negociación, la conciliación y otras y a respetar y acatar las decisiones de mediadores y árbitros.
  5. Guardar confidencialidad sobre cualquier información que haya sido obtenida en el ejercicio profesional.
  6. Ser solidario, promover la capacitación y desarrollo de sus empleados.
  7. Velar por la existencia de condiciones seguras y óptimas para la realización de los trabajos.
  8. Abstenerse a utilizar prácticas desleales de competencia.
  9. Ser transparente en las informaciones que brinde sobre los bienes y servicios ofrecidos por su empresa
  10. Colaborar con la mejoría de la calidad de vida de la comunidad
  11. Comprometerse a no impactar negativamente el medio ambiente.

A modo de ejemplo, el Sistema PETROBRAS recoge en su Código de Ética los siguientes principios: el respeto a la vida y a todos los seres humanos, la integridad, la verdad, la honestidad, la justicia, la equidad, la lealtad institucional, la responsabilidad, el celo, el mérito, la transparencia, la legalidad, la impersonalidad, la coherencia entre el discurso y la práctica

Siendo nuestro interés lo relativo a la dimensión interna de su responsabilidad social, en el Código de Ética Empresarial o el Código de Buenas Prácticas o de Conducta[24], el empresario se compromete a respetar y reconocer:
§  la igualdad de oportunidades, sin distinción de sexo, raza, credo, o condición física.
§  la autonomía, privacidad, dignidad y derechos de los empleados.
la integridad humana, la dignidad de la persona y los derechos que le son inherentes.
§  una remuneración justa.
§  la libertad de la asociación, los derechos de los empleados, la libertad sindical.

En tal sentido debe promover la capacitación y desarrollo profesional e integral de los empleados y cumplir con las disposiciones legales en materia de seguridad y salud en el trabajo y seguridad social, brindando un lugar de trabajo que cumpla con las condiciones óptimas de seguridad y que garantice la seguridad física de sus trabajadores.

Sin embargo, no todo es color de rosa como se presenta en esta apretada síntesis sobre el uso sustitutivo de los Códigos de Ética y de Buenas Prácticas que en definitiva no son negociados con los Sindicatos. Realmente comienzan con una toma de posición por parte de la “Alta Dirección” que es quien reconoce su Responsabilidad Social Corporativa y el Sindicato u otra organización representativa de los trabajadores no posee ni dispone de los derechos de libre asociación y de negociación colectiva y ni tienen en cuenta los derechos fundamentales del trabajo de la OIT, ellos participan como todo el resto de los trabajadores, a título de participación de los trabajadores en la cogestión empresarial. Aunque digan lo contrario, los públicos interesados de la dimensión interna, o sea del sector laboral participan en el desarrollo del tema sólo a título de confirmación de la garantía de no promover ni huelgas, ni generar conflictos, sino mantener un ambiente de trabajo que permita la competitividad del producto o servicio ante similares empresas y con ello, lógicamente se conseguirá la estabilidad en el puesto de trabajo.

En realidad, no son negociables, ni se basan en los Convenios 86 y 98 de la OIT, no son convenios colectivos de trabajo, no toman en consideración las prioridades de los trabajadores mismos, porque tanto los códigos como las empresas carecen de los mecanismos de consulta suficientes para que la administración comprenda las necesidades e intereses de los trabajadores.

Considerando que el discurso ampara los derechos y principios fundamentales que la OIT preconiza y que cumplen con la Declaración del año 1998 sobre similares aspectos, los sindicatos desmontan el sistema de la negociación, como parte del diálogo social y por tanto, los trabajadores terminan por no poder ejercer ni reclamar sus derechos, ya que siendo acuerdos empresariales, publican “líneas de deseos” y no son documentos probatorios del ejercicio de la acción sindical, solamente llevan la firma de la Alta Dirección y no tienen fecha de entrada en vigor ni de caducidad.

A pesar de la proliferación de las normas del Sistema ISO, tanto para la gestión de la calidad, del medio ambiente, de la seguridad y salud y últimamente también de la responsabilidad social y de los códigos de conducta, ética y buenas prácticas, la aplicación real es mínima si se tiene en consideración el volumen total del sector empresarial, por tanto constituyen acciones más virtuales que prácticas en el ámbito interno.

El cuadro que hemos presentado aborda la situación actual de la América Latina en su relación con la crisis, el papel del estado y de la empresa privada, la labor sindical en defensa de los intereses de los trabajadores y las metas de las organizaciones internacionales para los decenios que nunca se cumplen o se prorroga su cumplimiento ante la mínima posibilidad de su incumplimiento.

Por eso siempre nos cuestionamos con respecto a la meta de trabajo decente impulsada por la OIT, que significa contar con oportunidades de un trabajo que sea productivo y que produzca un ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad, libertad para que la gente exprese sus opiniones, organización y participación en las decisiones que afectan sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para todas las mujeres y hombres.

En consecuencia, ante la situación actual de crisis mundial, una vez más habrá que posponer el futuro visionado y regresar a la realidad, porque en este decenio la meta no se alcanzará, donde el sector informal sigue preocupando por su vulnerabilidad, por no poseer protección alguna para los trabajadores,  sin política de calificación del personal, dando al traste con los términos de trabajo seguro y en condiciones de higiene y salubridad. Hay que recordar que el personal joven, entre 15 y 25 años de edad, inexperto, fluctúa de un sector al otro, buscando mejoras económicas aún en sectores altamente peligrosos como la construcción, la minería, la extracción y exploración de petróleo y gas, la fabricación de azúcar, el área forestal, la agricultura, entre los que provocan las mayores cifras de accidentes del trabajo.

En el continente americano hay países cuya producción industrial es de las mayores en el mundo, como sucede con el petróleo en Brasil, México y Venezuela, sin embargo la precariedad laboral de la región ha ido en aumento, siendo la informalidad del empleo un fenómeno generalizado en los últimos 10 años.

Sigue creciendo la discriminación con respecto a las mujeres, cuya tendencia de incorporación al empleo ha sido la mayor de la historia, pero contradictoriamente, acude a los trabajos de menor remuneración y en los sectores más vulnerables, como son los servicios, donde básicamente ellas se incorporan al empleo informal, al trabajo doméstico y a trabajos en condiciones de ayuda familiar.

Según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, se han detectado brechas en cuanto a seguridad y salud laboral entre las mujeres, primero porque sigue existiendo desigualdad en el tratamiento de la trabajadora, diferencias salariales y no se cumple la premisa de igualdad de trato sin discriminación por ningún motivo lesivo a la dignidad humana. ¿Acaso el género no se utiliza con enfoque discriminador?

¿Puede nuestra región seguir soportando la pérdida de vidas humanas y sobre todo, asumir gastos millonarios vinculados con los costos de la seguridad social?

Sin embargo, el capital ha seguido desarrollando las teorías “novedosas” de gestión de personal, que conducen a una superexplotación “intelectual” y “profesional” de los trabajadores, puesto que exigen de ellos una constante disposición para el trabajo, llamada muchas veces “empleabilidad” como sinónimo de características profesionales y personales que le permiten ser él y no otro quien ocupe el puesto. La empleabilidad muchas veces se alcanza siguiendo la teoría de las competencias laborales que son específicas para cada entidad y no se repiten en otra, por lo que aumenta la tensión en el trabajo, ya que el trabajador quiere tener una permanente disponibilidad laboral,  tanto a través de su incorporación a plena capacidad como a partir del perfeccionamiento de sus conocimientos y habilidades para obtener la polivalencia o multioficio que le permita ser insustituible y siempre necesario.

Ciertamente estas nuevas teorías que exacerban la temporalidad y la fragilidad del empleo convierten al trabajador en una especie de sujeto dócil y “disciplinado” para evitar su exclusión del seno del colectivo y tener que reinsertarse en otros grupos que pudieran llevarle hasta la informalidad del empleo.

Esto incorpora a la relación jurídico – laboral elementos complementarios no tutelados por la ley, sino por el mercado. El trabajador se encuentra en un ambiente de estrés permanente, porque debe mantener una idoneidad constante para no perder su empleo. Se une a lo anterior el sistema que haya adoptado la entidad para el aseguramiento de la calidad en que la creatividad y la imaginación a que tanto acude el empleador respecto de sus empleados pueden ser sofocadas en el estricto cumplimiento de los procedimientos descritos en el trabajo, tales como las competencias laborales.

A todo se le suma la amenaza de despido, de reducción de personal por motivos de utilidades, de traslado hacia otro lugar más competitivo, de pérdida de beneficios por incapacidad o insolvencia empresarial, considerada responsabilidad de un colectivo incapaz de crecer y desarrollarse al ritmo que se demanda de él.  Otras causas a nombrar serían las deficiencias en la organización del trabajo, la información interna y la gestión, así como los problemas de organización prolongados e irresueltos, que son un lastre para los grupos de trabajo y pueden desembocar en una búsqueda de chivos expiatorios.

Para esas empresas el orden público económico se sitúa por encima del orden público laboral, ya que al propender hacia la desregulación de las relaciones laborales, la autonomía de las partes para negociar y un mercado laboral flexible, los mínimos inderogables cada vez “son más mínimos e imperceptibles” y ponen en total estado de desamparo a la clase trabajadora, obligada a engrosar el ejército de los desempleados.

No obstante, pensamos que aún ante los altos índices de pobreza, falta de servicios y recursos básicos, de desempleo y subempleo que afecta a todos los países y mucho más a los países en vías de desarrollo y las difíciles condiciones de trabajo en la industria y el campo que aún continúan latentes, el trabajo debe valorarse en su  dimensión de autorrealización y dignidad de la persona humana y el papel que deben jugar las organizaciones de profesionales, de trabajadores, de investigadores, deben ir dirigidas a la detección oportuna de la verdadera cara de estas políticas y prácticas de gestión de personal, de la relación entre mercado y trabajo y las condiciones y medio ambiente laboral, de la fragilidad del empleo y del poder negociador de los sindicatos.

También es necesario que elaboremos nuestras tesis y principios, nuestras políticas y prioridades y que trabajemos de conjunto con los Estados, en las variables de integración que se están gestando en la región, porque, en última instancia “en la hora de los hornos” éste es quien debe asumir su responsabilidad social ante sus ciudadanos y no esperar a que el capital responda por cuestiones sociales si ellas no coinciden con sus intereses empresariales.

No podemos olvidar que la mayoría de las empresas que participan del Pacto Global y aplican las teorías más novedosas y que en realidad no cumplen las normas laborales o las cumplen porque su bajo nivel protectorio no les genera mayores gastos, son filiales de las grandes transnacionales y en fin de cuentas, levantarán vuelo y regresarán a su lugar de origen, abandonando a su suerte a los trabajadores, que no obtendrán fuentes de empleo, porque el empresariado mediano y pequeño ha vivido de los mitos de su bajo nivel de competitividad y de pocos recursos para el desarrollo.

Por último queremos hacer mención a la más reciente tentativa de la OIT como un reto para la recuperación después que la crisis haya impuesto sus flagelos de desempleo, precariedad, inseguridad, insolidaridad y haya que recomponer el sector productivo y nuevamente incorporar al Estado en la labor empresarial.

Se trata del Pacto Mundial para el Empleo aprobado en la Cumbre celebrada en el mes de junio pasado durante la Conferencia Internacional del Trabajo, con la presencia de jefes de Estado y de Gobierno y representaciones al más alto nivel del tripartismo en esta Organización Internacional.

La OIT sigue apostando a la viabilidad del tan difundido “trabajo decente” como respuesta integral a la crisis y ahora une sus “esfuerzos y deseos” a la ya estudiada “responsabilidad social corporativa” pues se esfuerza en la interrelación del empleo, la economía y el medio ambiente sostenible en los marcos de una globalización más justa. Se aboga por alcanzar políticas coordinadas a nivel mundial que posibiliten “potenciar la eficacia de los esfuerzos nacionales e internacionales que se desplieguen en torno al empleo, las empresas sostenibles, los servicios públicos de calidad y la protección de las personas, al tiempo que se preserven sus derechos y se promuevan sus puntos de vista y su participación”[25].

Se llama entonces a la participación de los gobiernos, que quedaron como espectadores, para que se involucren junto a las organizaciones de trabajadores y los empleadores, con el compromiso de todos para que las acciones incluidas en dicho Pacto Mundial para el Empleo tengan éxito.

En síntesis, el Pacto Mundial del Empleo se basaría en el Programa de Trabajo Decente y en la Declaración sobre la Justicia Social para una globalización equitativa, adoptada en 2008, tomándose como pilares los siguientes principios:

§  Protección social para favorecer y garantizar el empleo a través de empresas sostenibles y servicios públicos de calidad[26].
§  Reducción a la vulnerabilidad de las personas, cuales son los jóvenes, los trabajadores con bajos salarios y baja calificación, los excluidos del sector formal de la economía y los trabajadores migrantes.
§  Eliminación de la discriminación en el empleo, privilegiando la igualdad de acceso y oportunidades a través de las competencias laborales y las acciones de formación y educación.
§  Promoción de las normas del trabajo contenidas en los convenios fundamentales de la OIT[27].
§  Involucramiento del estado en el diálogo social y la negociación colectiva entre empleadores y trabajadores.
§  Garantía de la sostenibilidad económica, social y medio ambiental.
§   Retorno del Estado a la creación de un entorno jurídico y normativo favorable a la creación de empresas y a las empresas sostenibles para promover el empleo.
§  Colaboración de la OIT con otros organismos internacionales, con las instituciones financieras y los países desarrollados para que intensifiquen la asistencia al desarrollo de los países más vulnerables.

Sobre la base de dichos principios, los estados deben formular las políticas propias ajustadas a su situación real, pero que éstas vayan dirigidas a la gestión de empleos mediante sus servicios públicos de intermediación y de apoyo a las agencias de empleo privadas, garantizando el respeto a los derechos de los trabajadores, colaborando y estimulando al empresariado mediano y pequeño para que invierta en creación de puestos de trabajo y en la preparación y formación de su personal con vistas a mejorar la empleabilidad.

Llama la atención el llamado en dicho Pacto Mundial del Empleo a instaurar “una protección social adecuada para todos, sustentada en un régimen básico de protección social («piso social») que incluya el acceso a la atención sanitaria, la seguridad del ingreso para los ancianos y las personas con discapacidad, las prestaciones por hijos a cargo y la seguridad del ingreso combinada con sistemas públicos de garantía del empleo para los desempleados y los trabajadores pobres”. En definitivas, es imperativo de estos tiempos que todos asuman una parte de su responsabilidad y en una gestión conciliada de las empresas más poderosas y los países desarrollados, se abran vías a la solidaridad y la colaboración, de otra forma ni el trabajo decente ni este pacto mundial, ni la justicia social, ni la globalización más justa, serán realidad y se quedarán en lo que son: líneas de deseo y marco para las Cumbres y reuniones internacionales.

Consideramos que cada región debe intensificar la búsqueda de soluciones, los gobiernos deben gestionar mediante sus acuerdos de integración y colaboración los espacios que contribuyan a programas regionales y nacionales para reducir la exclusión social, la miseria, el hambre, la pobreza extrema y conducir al uso racional de todos los recursos, ya sean financieros, económicos, materiales y humanos. Solamente mediante la inteligencia se podrá garantizar la recuperación de las economías nacionales en un tiempo menor y reduciendo las afectaciones que se ocasionen al interior de cada país.

Nuestra contribución debe estar dirigida al apoyo que podemos brindar para el mantenimiento de los derechos laborales, a interactuar con las autoridades nacionales para garantizar la existencia y cumplimiento de las normas de carácter general y mediante la información y la formación propiciar que la negociación colectiva siga siendo parte de la gestión sindical como protección integral a los trabajadores. 



Bibliografía consultada.

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[1] Abogada. Secretaria General de la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas, Secretaria de la Sociedad Cubana de Derecho Laboral y Seguridad Social. Profesora titular adjunta de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana. Miembro del Tribunal Internacional de Libertad Sindical que sesionó en México en octubre 2009 y abril-mayo 2010. (http://lguevara-derecholaboral.blogspot.com )
[2] Declaración a la Cumbre del G20 en Londres, abril de 2009 de la Agrupación Global Unions
[3] Entre los temas tratados en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, estaban las  fuentes alternativas de energía para el uso de combustibles fósiles, vinculados al cambio climático global, apoyo para reducir las emisiones de los vehículos, la congestión en las ciudades y los problemas de salud causado por la polución y la creciente escasez de agua. Consultado en http://es.wikipedia.org/wiki/Cumbre_de_la_Tierra
[4] “Transcurridos ocho años de aventurerismo, demagogia y mentiras en los que murieron miles de soldados norteamericanos y casi un millón de iraquíes en una guerra de conquista por el petróleo de ese país musulmán que nada tenía que ver con el atroz ataque a las Torres Gemelas, el pueblo de Estados Unidos estaba hastiado y avergonzado” (Reflexión de Fidel Castro: Ojalá me equivoque, del 24 de agosto de 2009.
[5] Y aún para muchos no constituyen derechos humanos, solamente necesidades a resolver mediante diferentes acciones y paliativos que no resuelven el problema de raíz, por lo cual, seguirán apareciendo tan pronto como estallen situaciones convulsas en las regiones y al interior de los países.
[6] La realidad es bien distinta. Las agresiones a esos países son las consecuencias de la búsqueda de petróleo y otros combustibles,  para mantener una industria que vive de ellos y sobre todo un transporte que a falta de ellos se ha agenciado los biocombustibles aunque las personas mueran de hambre y se siga incrementando la crisis de los alimentos.
[7] Entonces la culpa cae en el sector terciario de los servicios que se ha desarrollado a un ritmo más acelerado que el sector primario y secundario, los cuales tuvieron su etapa de esplendor en épocas pasadas.
[8] Fuente: Discurso del Ché Guevara en la Asamblea General de las Naciones Unidas, 11 de diciembre de 1964. Originalmente es parte del documento de la Revolución Cubana "Segunda Declaración de La Habana". Discurso pronunciado por Fidel Castro, 4 de febrero de 1962.
[9] Para no ser muy optimistas y dejarnos llevar por las llamadas Metas y objetivos de decenios….
[10] Aunque aparezca como una total conciliación de intereses, la dimensión externa de los negocios va a primar por encima de la dimensión interna de la regulación laboral, pues sin los ingresos provenientes de los negocios no tendrán dinero para resolver los problemas de los trabajadores. Así se sigue con la conciencia invertida de “sin empresa no hay trabajo” cuando “sin trabajadores no hay ni empresa ni capital”.
[11] Aclaro que esto son los conceptos internacionalmente utilizados por los creadores de la Responsabilidad social corporativa, yo sigo insistiendo que el orden público no puede andar por la economía, sino por la defensa de los intereses y derechos humanos de los trabajadores.
[12] Stakeholder en el sentido amplio de la palabra: partes interesadas o interlocutores; persona, comunidad u organización afectada por las operaciones de una empresa o que influye en dichas operaciones. Las partes interesadas pueden ser internas (trabajadores) o externas (clientes, proveedores).
[13] El término responsabilidad social corporativa, se puede también encontrar como responsabilidad social empresarial.
[14] Tomado del sitio de la ISO y de http://es.wikipedia.org/wiki/ISO_26000
[15] Stakeholder en el sentido de accionista, parte interesada.
[16] Incluimos dentro de estos, los textos referidos a normas internacionales de sistemas de gestión.
[17] Al respecto se pueden consultar las normas de la serie ISO  9000 para los sistemas de gestión de la calidad, 14000 para la gestión ambiental y 18000 para la seguridad y salud en el trabajo.
[18] Tomado de “La Responsabilidad cívica de las empresas en la Economía Mundial”. Documento de ONU. 05-24207
[19] Se sobreentiende que no es todo el sector empresarial, no se refiere a las pequeñas y medianas empresas, estamos hablando de los grandes negocios y sobre todo de las empresas transnacionales.
[20] Agüero Felipe. La Responsabilidad Social Empresarial en América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Escuela de Estudios Internacionales. Universidad de Miami. 2002
[21] Recordar que este Pacto Mundial es reciente, tiene un decenio desde el Foro Mundial Económico de Davos y donde realmente aparecen resultados es en Europa, Estados Unidos, Canadá y las grandes empresas transnacionales, cuyas casas matrices operan en esas regiones del mundo. La responsabilidad social empresarial se interrelaciona con el acceso a las finanzas, los mercados, la economía y el poder.
[22] Agüero Felipe. La Responsabilidad Social Empresarial en América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Escuela de Estudios Internacionales. Universidad de Miami. 2002
[23] Varios son los nombres que utilizan, como son Código de Buen Gobierno y de Buenas Prácticas.
[24] Se conoce con varias de estas denominaciones, como dijimos con antelación.
[25] Tomado del documento aprobado en la Conferencia Internacional del Trabajo bajo el título “Para recuperarse de la crisis un Pacto Mundial del Empleo. Publicado por la Oficina Internacional del Trabajo en la página Web de la OIT.
[26] Nótese como los gobiernos deben asumir su responsabilidad social mediante compromisos que implican nuevamente involucrarse en las actividades de control y supervisión y que requerirán la adopción de normas laborales centralizadas y de carácter global para evitar que mediante el llamado diálogo social se pierdan o menoscaben los derechos de los trabajadores.
[27] Sigue siendo un enfoque restrictivo y no amplio de los derechos laborales, privilegiando los incluidos en la Declaración de Principios y Derechos Fundamentales de la OIT.