Amigos y amigas, mi blog no es apolítico, que va!!! Lleva la impronta de una Revolución de 55 años. Por eso he querido poner parte de este mensaje para que todos lo puedan leer y quien quiera consultarlo totalmente puede entrar en www.cubadebate.cu, bajo el título QUE FALLO!
Las verdaderas revoluciones son siempre difíciles. Che Guevara sabía algo de eso y decía que, en
las verdaderas, se vence o se muere, porque una revolución no es una
tranquila, pacífica obra de beneficencia, como cuando las encopetadas
damas de la alta sociedad salen a hacerle caridad a los que no tienen
justicia.
Una revolución es un vuelco, una ruptura, un abrupto cambio de
perspectiva. Es cuando los oprimidos dejan de creer en que los que
mandan –los que los oprimen– tienen la verdad de su lado, y piensan que
el mundo puede ser diferente de como ha sido hasta entonces.
Pero claro que los opresores no se resignan a abandonar sus
posiciones de dominio y luchan a vida o muerte por ellas, aunque
aparentemente, los “otros” sean sus connacionales: enseguida se enajenan
de la mayoría del pueblo, porque las revoluciones –no los golpes de
estado– siempre son obra de la mayoría.
En un respetuoso diálogo con el presidente venezolano aunque no
tanto con sí mismo, el cantautor Rubén Blades, hace años uno de los
abanderados de la canción social en América Latina, expone su concepto de revolución:
Para mí, la verdadera revolución social
es la que entrega mejor calidad de vida a
todos, la que satisface las necesidades
de la especie humana, incluida la necesidad
de ser reconocidos y de llegar al estadio
de auto-realización, la que entrega oportunidad
sin esperar servidumbre en cambio.
Eso, desafortunadamente, no ha ocurrido
todavía con ninguna revolución[1].
Ni va a ocurrir en ninguna revolución verdadera, Rubén. No era sino
la voluntad de mejorar la calidad de vida de la gente lo que inspiró la
Reforma Agraria cubana, que entregó parcelas a miles de campesinos sin
tierra y, esencial para procurar mejor calidad de vida, fue la
alfabetización cubana de 1961, –porque no hay autorrealización sin saber
leer– pero enseguida llegaron la invasión de Bahía de Cochinos y el bloqueo económico que es repudiado cada año en la ONU, aunque acaba de cumplir 52.
Me fascina esa idea de que una revolución social “satisface las
necesidades de la especie humana”, y claro que eso solo lo hace una
revolución cuando se la ve históricamente: no habría democracia ni
derechos humanos sin la prédica de los iluministas: sin Voltaire,
Montesquieu, Rousseau, pero los que llevaron adelante esas ideas en la
práctica social, los que las impusieron como “necesidades de la especie
humana” –Danton, Marat, Robespierre , porque las monarquías gobernaban
por derecho divino– guillotinaron a la aristocracia francesa que se
rebeló contra ellas, la aristocracia que ahogaba en sufrimientos, en
miseria los derechos de los sans culottes, acaso los que Evita Perón llamó en su momento “los descamisados” y Martí “los pobres de la tierra”.
El tiempo ha pasado, nos recuerda Blades, pero los derechistas
venezolanos llaman “los tierrúos” a esos pobres sin zapatos que ellos
explotan en el siglo XXI. Es imposible que una revolución haga felices a
los dos grupos, porque la revolución va a dar justicia, y hacer
justicia no es una fiesta de cumpleaños.
Es decir que nunca ha habido una revolución social como entiende
Blades que debe ser. ¿Será que él no sabe lo que es una revolución
social? Según se deduce de lo que escribe, no lo la sido ni la inglesa,
ni la francesa, ni la rusa, ni la mexicana, ni mucho menos la cubana que
lideró Fidel Castro. Presumo que tampoco la venezolana de hace
doscientos años, pese a que Blades escribe de esa Venezuela que ama como
“el pueblo de Bolívar”. Y ¿qué hizo el Libertador? ¿Una tranquila y
plácida obra de bienestar social? No gritó Patria o Muerte, sino que
firmó un decreto de guerra a muerte para los enemigos de la patria, que
eran los de la revolución.
Blades no sólo lo proclama ahora en esa respuesta a Maduro, sino
que lo cantaba en sus canciones latinoamericanistas: “de una raza unida,
la que Bolívar soñó”. Entonces, ¿el intento de realizar el sueño de Bolívar no es el proceso integrador que emprendió Chávez,
y que enfrenta a un imperio que nos quiere divididos, sino que
únicamente servirá para mover el culo bailando salsa? Y cantar a voz en
cuello: “A to’a la gente allá en los Cerritos que hay en Caracas
protégela”. A “to’a esa gente” la protegen, además de María Lionza, los
médicos de Barrio Adentro, porque esos que gritan y agreden en las
calles no se ocuparon jamás de la salud de los venezolanos humildes.
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